Pruebas bioquímicas y análisis para estudio metabólico del autismo

Página web de los laboratorios Great Plains, especializados en metabolismo del autismo y otras enfermedades:

http://www.greatplainslaboratory.com/home/span/home.asp

Liga de Intervención Nutricional contra el Autismo

Liga de Intervención Nutricional contra el Autismo, TGD, TDAH y la depresión:

www.lincaargentina.com

Reclamaciones masivas en EEUU por autismo y otras razones adjudicadas a las vacunas

NCVIA Recibio 5.263 reclamaciones por autismo

Mar, 15/06/2010 - 07:05

La autora en su ensayo recuerda además que desde 1986 funciona en Estados Unidos un Programa Nacional de Indemnizaciones por Lesiones por Vacunas de la Infancia (NCVIA), que ha pagado ya casi US$ 2.000 millones por compensación por muertes y daños severos.

Ese organismo, entre su creación y el primero de agosto de 2008, recibió 5.263 reclamos por autismo y 2.865 por otras razones adjudicadas a las vacunas.

La financiación de estas indemnizaciones se obtiene por medio de un impuesto de 75 centavos de dólar sobre cada dosis de vacuna, aclara la autora.

Muller advierte que “frente a las epidemias, todas las sociedades son tan primitivas como las que sacrificaban doncellas para aplacar a los dioses”.

“Cuando la peste estalla la reacción inicial no es intentar limitarla ni aprender a tratarla sino identificar al culpable que tanto en 2009 como en la Edad Media es el extranjero, el pobre o el indiferente”, lamenta, por último, la autora.

Sanofi Pasteur reconoce "autismo" como efecto secundario en un prospecto de vacuna

Traducción del prospecto de la vacuna sanofi pasteur

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Traducción vacuna sanofi pasteur.pdf168.49 KB

Vinculan a expertos de la OMS con farmacéuticas

Vinculan a expertos de la OMS con farmacéuticas

Dom, 04/07/2010 - 21:37

Un informe presentado este viernes acusa a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de no hacer público el conflicto de intereses de al menos tres de las personas que escribieron las pautas por las que se rigieron decenas de gobiernos a la hora de gastar miles de millones de dólares en medidas contra la gripe porcina.

 

Leer noticia entera en http://www.bbc.co.uk/mundo/internacional/2010/06/100604_oms_criticas_gri...

 

Nuevo estudio muestra que las vacunas causan cambios cerebrales del autismo

Nuevo estudio muestra que las vacunas causan los cambios cerebrales encontrados en el autismo

Vie, 03/09/2010 - 10:20

Un  crecimiento y una  función anormal del cerebro son característicos del autismo, un trastorno del desarrollo cada vez más común que afecta actualmente a un niño estadounidense de cada 60. Una nueva investigación en la Universidad de Pittsburgh y del Thoughful House Center para niños en Austin, Texas, ha encontrado cambios cerebrales muy similares a los observados en el autismo en bebés monos que recibieron el mismo programa utilizado en los EE.UU. en los años ' 90 con las vacunas que contienen timerosal, el conservante a base de mercurio comúnmente utilizados entonces.

Los descubrimientos fueron publicados ayer en la revista científica  "Acta Neurobiologiae experimentalis".  Fueron utilizados técnicas de Scaner que evaluaron a través del tiempo tanto  la función cerebral como el crecimiento del cerebro en los mismos animales. El equipo de investigación fue capaz de ver las diferencias en el modo en que se han desarrollado los cerebros de los animales vacunados de los no vacunados. Las exploraciones fueron realizadas antes y después de la primera administración de las vacunas  triple viral (sarampión - rubéola - paperas) y la vacuna DTaP / Hib que se administró en los seres humanos a los 12 meses de edad.

A lo largo del periodo de estudio, los animales vacunados mostraron un incremento en el volumen total del cerebro - una característica de los cerebros de muchos niños con autismo - respecto a  los animales no vacunados. Una parte específica del cerebro, sin embargo, asociadas a respuestas emocionales que se sabe que son importantes en el autismo, la amígdala, no mostraron alteraciones hasta después de la administración de vacunas realizada a los  12 meses. Además, sólo despues de la vacuna de los 12 meses, las exploraciones funcionales del cerebro han mostrado diferencias significativas entre los dos grupos. Estas exploraciones estaban dirigidas a  valorar la actividad funcional de los receptores de  compuestos tipo  morfina (opioides) que tienen un importante papel en los cerebros de los niños que sufren de autismo. La vacuna se asoció con un aumento en la actividad de ligar  los opioides a los receptores en la amígdala en comparación con una disminución observada en el grupo de animales no vacunados.

Los resultados indican que las vacunas múltiples durante los primeros 3-4 meses puede tener un impacto decisivo en el crecimiento del cerebro y su desarrollo en una forma consistente con los hallazgos sobre el autismo. Para la amígdala, los nuevos resultados de crecimiento y la función anormal parecen estar vinculadas a MMR, DTaP y Hib realizadas a los  12 meses.

En el editorial que acompañaba  al estudio, el Dr. Kris Turlejski, el editor jefe de la revista, describió los hallazgos como "alarmantes", "Sosteniendo la posibilidad de que exista una conexión entre la vacunación precoz y la etiología del autismo".

En el mismo tipo  de monos, el equipo de investigadores ha identificado un retraso en la adquisición de los reflejos de las vías de la médula oblonga en las crías expuestas en el primer día de vida (Cómo los niños americanos!) a la  vacuna contra la hepatitis B que contiene  timerosal en comparación con los animales no vacunados. Se está llevando a cabo una segunda fase más extensa del estudio para ver si estos resultados pueden ser replicados.

El Dr. Andrew Wakefield, que no es un autor, pero lo ha apoyado durante el proyecto, dijo: "Espero que este estudio no sólo contribuya a la comprensión de los orígenes del autismo, sino que también proporcione una dirección sobre la forma de probar nuevos tratamientos que puedan hacerse con seguridad  para el autismo y las  vacunas ".

Referencias:
Hewitson Laura, Brian J. Lopresti, Carol Stott, N. Scott Mason y Jaime Tomko.  Influencia de las vacunas pediatricas  en el crecimiento en la amígdala y  la unión del ligando opioide en bebés de macacos rhesus: Un estudio piloto. Acta Neurobiol Exp. 2010. 70: 147-164

Kris Turlejski. Focus on Autism Editorial Comment Acta Neurobiol Exp 2010. 70: 117-118

http://www.emergenzautismo.org/content/view/815/48/

Estudio Vacunas y Autismo

Presentación en PowerPoint "Vacunas y autismo: Mitos y realidades"

(Fuente: www.medicinadeldesarrollo.com -sitio web de la doctora Clavera)

 

http://www.medicinadeldesarrollo.com/Files/ppt/Timerosal%20%20y%20autismo.%20Mitos%20y%20realidades.ppt#256,1,VACUNAS Y AUTISMO MITOS Y REALIDADES

Página web de la doctora Clavera

www.medicinadeldesarrollo.com

Niñas muertas en la India tras la vacuna contra el VPH

Niñas muertas en India tras recibir la vacuna contra el VPH

Mar, 11/05/2010 - 22:14

gardasilEl Gobierno de la India, a través del Consejo Indio de Investigación Médica (ICMR), ha suspendido la vacunación contra el virus del papiloma tras haberse producido cuatro muertes y 120 casos de reacciones adversas relacionados con el preparado. Según narra ADN India estaba desarrollándose un estudio de dos años para examinar la utilidad de Gardasil, la vacuna contra el virus del papiloma humano del laboratorio de Merck, cuando se reportaron las citadas muertes y efectos adversos tras la vacunación. Las chicas víctimas del preparado vacunal se habían quejado de trastornos estomacales, epilepsia, dolores de cabeza y menarquía temprana. Esta noticia no sorprende a los padres y madres de numerosas jóvenes de todo el mundo que llevan varios años informando los efectos secundarios de estas vacunas.

El Deccan Herald ofrece más detalles. Las cuatro muchachas fallecidas estaban sanas y procedían de una tribu del distrito de Khammam en la región de Andhra Pradesh. Murieron en el transcurso de un experimento clínico con esta vacuna realizado por Merck en cooperación con el gobierno de Andhra Pradesh y con la aprobación del Consejo Indio de Investigación Médica. Todas ellas eran residentes de albergues administrados por el gobierno para niños indígenas. Las organizaciones civiles que trabajan en la zona se han “alzado en armas” por el secretismo con el que estos ensayos clínicos se han llevado a cabo, la publicidad engañosa sobre la capacidad de protección contra el cáncer de cérvix que puede ofrecer la vacuna y el “encubrimiento” de los efectos adversos sufridos por un gran número de las niñas y posterior muerte de cuatro de ellas. La conclusión de estos activistas es muy clara:

“Está fuera de duda, es el peor de los casos de violación de los derechos humanos, jóvenes sanas que mueren por participar en un experimento respaldado por el Estado e impulsado por el ánimo de lucro de una compañía privada”.

El Director General del Consejo Indio de Investigación Médica, el Dr. Katoch, insiste en que las niñas murieron por causas ajenas a la vacuna y que suspendía los ensayos de la vacuna contra el cáncer de cuello uterino Gardasil como medida de precaución. La Organización No Gubernamental (ONG) internacional Programa para una Tecnología Apropiada en Salud (PATH) era la encargada de supervisar los ensayos y por ello sabemos que las niñas fallecidas tenían edades comprendidas entre los 10 y los 14 años y que se les administraron tres dosis en julio y octubre de 2009 y febrero de 2010.

El Gobierno de Andhra Pradesh ha negado que las muertes se hayan debido a la vacuna y las ha achacado al suicidio de los niñas. Se ha basado para ello en las autopsias realizadas a las niñas. Los padres de las chicas han insistido en que no había ninguna indicación de que sus hijas estaban teniendo problemas o que se suicidaran. El Dr. Rukmini Rao, que ha estado trabajando entre las tribus de Nalgonda y Khammam durante más de una década, confirmó que al menos 120 niñas experimentaron reacciones adversas tales como crisis epilépticas, dolor de estómago, dolores de cabeza y cambios de humor.

También ha habido informes de inicio temprano de la menstruación después de la vacunación, sangrado abundante y cólicos menstruales.

“Una de las niñas murió debido a las convulsiones, mientras que otra tenía un ataque epiléptico”, dijo Rukmini Rao.

Lo cierto es que Merck estaba probando su vacuna en niñas indígenas hijas de padres pobres y en su mayor parte analfabetos para los que es difícil entender un consentimiento informado para que experiementen con sus hijas. No se probaba en las escuelas de élite de las zonas urbanas. Es evidente que Merck trata de crear un mercado en la India.

Por su parte, el periódico The Hindu ofrece otros detalles como que el ICMR sólo era “facilitador técnico” del proyecto de vacuna contra el VPH. El proyecto de experimento fue firmado con PATH Internacional en febrero de 2007 a quien la Fundación Bill y Melinda Gates se lo había asignado para evaluar la viabilidad de introducir la vacuna contra el VPH en la India. Las empresas farmacéuticas Merck y GSK eran las encargadas de proporcionar la vacuna y el ICMR les ayudó en la preparación del protocolo y la elaboración de las directrices éticas.

Más info: El libro La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo (Península, 2009) está dedicado a cómo se fabrican campañas de marketing del miedo como la de la vacuna contra el virus del papiloma humano y de invención de enfermedades.

 

Publicado por Miguel Jara el 28 de Abril de 2010

Nuevo estudio sobre vacunas y cambios cerebrales en el autismo

Nuevo estudio muestra que las vacunas causan los cambios cerebrales encontrados en el autismo

Lun, 18/10/2010 - 09:50

 de Dan Olmsted y Blaxill Marcos

 

Un  crecimiento y una  función anormal del cerebro son característicos del autismo, un trastorno del desarrollo cada vez más común que afecta actualmente a un niño estadounidense de cada 60. Una nueva investigación en la Universidad de Pittsburgh y del Thoughful House Center para niños en Austin, Texas, ha encontrado cambios cerebrales muy similares a los observados en el autismo en bebés monos que recibieron el mismo programa utilizado en los EE.UU. en los años ' 90 con las vacunas que contienen timerosal, el conservante a base de mercurio comúnmente utilizados entonces.

Los descubrimientos fueron publicados ayer en la revista científica  "Acta Neurobiologiae experimentalis".  Fueron utilizados técnicas de Scaner que evaluaron a través del tiempo tanto  la función cerebral como el crecimiento del cerebro en los mismos animales. El equipo de investigación fue capaz de ver las diferencias en el modo en que se han desarrollado los cerebros de los animales vacunados de los no vacunados. Las exploraciones fueron realizadas antes y después de la primera administración de las vacunas  triple viral (sarampión - rubéola - paperas) y la vacuna DTaP / Hib que se administró en los seres humanos a los 12 meses de edad.

A lo largo del periodo de estudio, los animales vacunados mostraron un incremento en el volumen total del cerebro - una característica de los cerebros de muchos niños con autismo - respecto a  los animales no vacunados. Una parte específica del cerebro, sin embargo, asociadas a respuestas emocionales que se sabe que son importantes en el autismo, la amígdala, no mostraron alteraciones hasta después de la administración de vacunas realizada a los  12 meses. Además, sólo despues de la vacuna de los 12 meses, las exploraciones funcionales del cerebro han mostrado diferencias significativas entre los dos grupos. Estas exploraciones estaban dirigidas a  valorar la actividad funcional de los receptores de  compuestos tipo  morfina (opioides) que tienen un importante papel en los cerebros de los niños que sufren de autismo. La vacuna se asoció con un aumento en la actividad de ligar  los opioides a los receptores en la amígdala en comparación con una disminución observada en el grupo de animales no vacunados.

Los resultados indican que las vacunas múltiples durante los primeros 3-4 meses puede tener un impacto decisivo en el crecimiento del cerebro y su desarrollo en una forma consistente con los hallazgos sobre el autismo. Para la amígdala, los nuevos resultados de crecimiento y la función anormal parecen estar vinculadas a MMR, DTaP y Hib realizadas a los  12 meses.

En el editorial que acompañaba  al estudio, el Dr. Kris Turlejski, el editor jefe de la revista, describió los hallazgos como "alarmantes", "Sosteniendo la posibilidad de que exista una conexión entre la vacunación precoz y la etiología del autismo".

En el mismo tipo  de monos, el equipo de investigadores ha identificado un retraso en la adquisición de los reflejos de las vías de la médula oblonga en las crías expuestas en el primer día de vida (Cómo los niños americanos!) a la  vacuna contra la hepatitis B que contiene  timerosal en comparación con los animales no vacunados. Se está llevando a cabo una segunda fase más extensa del estudio para ver si estos resultados pueden ser replicados.

El Dr. Andrew Wakefield, que no es un autor, pero lo ha apoyado durante el proyecto, dijo: "Espero que este estudio no sólo contribuya a la comprensión de los orígenes del autismo, sino que también proporcione una dirección sobre la forma de probar nuevos tratamientos que puedan hacerse con seguridad  para el autismo y las  vacunas ".

Referencias:
Hewitson Laura, Brian J. Lopresti, Carol Stott, N. Scott Mason y Jaime Tomko.  Influencia de las vacunas pediatricas  en el crecimiento en la amígdala y  la unión del ligando opioide en bebés de macacos rhesus: Un estudio piloto. Acta Neurobiol Exp. 2010. 70: 147-164

Kris Turlejski. Focus on Autism Editorial Comment Acta Neurobiol Exp 2010. 70: 117-118

 

Extraido de http://www.emergenzautismo.org/content/view/815/48/

Investigadores de la OMS pagados por fabricantes de vacunas contra la gripe A

Acusan que laboratorios alentaron pánico por el AH1N1

Mar, 15/06/2010 - 07:04
En momentos en que un informe médico británico revela que algunos investigadores de la Organización Mundial de la Salud (OMS) recibieron dinero de los laboratorios que fabricaban medicamentos contra la gripe AH1N1, el ensayo “Pandemia” editado esta semana en Argentina coincide que el pánico que se desató el año pasado en torno a la enfermedad, constituyó una “oportunidad comercial” para los fabricantes del antiviral oseltamivir.

La molécula base de oseltamivir fue descubierta en 1992 a un costo de US$ 800 millones por Gilead Sciences y desde 2003 se comercializaba con la marca “Tamiflu”, pero fue recién con los brotes de la gripe aviar A en Asia, que el fármaco comenzó a venderse de modo masivo, especialmente a los gobiernos, asustados por las versiones alarmistas que obligaron a planificar programas sanitarios preventivos.

“Ya no se trataba de una gripe común sino de una enfermedad muy grave con potencial de transformarse en pandemia. Y según la literatura médica circulante, el antiviral podía ser la diferencia entre la vida y la muerte”, cuestiona la argentina Mónica Muller, especialista en publicidad de laboratorios y productos medicinales, en su ensayo “Pandemia”.

El diario médico British Medical Journal publicó el viernes que “al menos 3 de los investigadores que presentaron el grueso de los documentos científicos en los que se basó la adquisición de medicamentos por parte de los gobiernos habían recibido dinero de alguna de las empresas farmacéuticas que producían los fármacos”.
En “Pandemia” se recuerda que “a 3 años del inicio de la pandemia de gripe AH1N1 los gobiernos de todo el mundo ya habían acumulado Tamiflu (Roche) y Relenza (Glaxo) en cantidad suficientes para tratar a los funcionarios de primera línea y a los principales responsables de las áreas de salud”.

“Ese renacer comercial hizo que Roche llegara a duplicar su producción de oseltamivir en 2004 y la cuadruplicara en 2005”, compara “Pandemia”.
El ensayo, subtitulado “Los secretos de una relación peligrosa: Humanos, virus y laboratorios”, agrega que en 2005 el laboratorio suizo Roche reconoció que “la demanda superaba su capacidad de producción y planeó la apertura de una nueva planta de producción en los Estados Unidos”.

“Pandemia” detalla que entre 2004 y los últimos meses de 2009, Roche había abastecido a 96 países con un total de 270 millones de tratamientos. Ante “la perspectiva de una segunda oleada del virus en los países donde apareció primero y la demanda insaciable de oseltamivir, en diciembre de 2009, el laboratorio anunció que estaba evaluando la estabilidad del ingrediente activo con el propósito de extender su vida útil y postergar su plazo de vencimiento, ya que casi todas las reservas que tienen los gobiernos fueron elaboradas en 2003, cuando se difundió la amenaza de epidemia de gripe aviar”, agrega la autora.

“Si esos 270 millones de tratamientos o 2.700 millones de cápsulas- porque cada tratamiento consta de 10 cápsulas- se vencieran sin haber sido usados, los ministros de Salud de 96 países se verían en la difícil situación de tener que dar explicaciones a sus contribuyentes”, advierte Muller.

Iaian Overton, editor jefe de la Oficina de Periodismo de Investigación de Londres, dijo el viernes a la BBC que “mientras la OMS siga permaneciendo hermética y no revele quién le está aconsejando y sus conflictos de intereses, sentimos que es contraproducente”.

“La OMS está bajo sospecha, porque se cree que está escondiendo algo y esto plantea la duda acerca de la independencia de alguno de sus expertos”, agregó Overton.

La autora en su ensayo recuerda además que desde 1986 funciona en Estados Unidos un Programa Nacional de Indemnizaciones por Lesiones por Vacunas de la Infancia (NCVIA), que ha pagado ya casi US$ 2.000 millones por compensación por muertes y daños severos.

Ese organismo, entre su creación y el primero de agosto de 2008, recibió 5.263 reclamos por autismo y 2.865 por otras razones adjudicadas a las vacunas.
La financiación de estas indemnizaciones se obtiene por medio de un impuesto de 75 centavos de dólar sobre cada dosis de vacuna, aclara la autora.
Muller advierte que “frente a las epidemias, todas las sociedades son tan primitivas como las que sacrificaban doncellas para aplacar a los dioses”.

“Cuando la peste estalla la reacción inicial no es intentar limitarla ni aprender a tratarla sino identificar al culpable que tanto en 2009 como en la Edad Media es el extranjero, el pobre o el indiferente”, lamenta, por último, la autora.

Nuevos estudios relacionan la intoxicación mercurial y el autismo

Nuevos estudios mercurio - autismo (Mark Geier, MD & David Geier)

Lun, 02/08/2010 - 10:45

Estudios recientes sobre la relación entre el mercurio y el autismo.

Estan en inglés.

 

Timerosal y enfermedades del desarrollo infantil

Artículo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos sobre el Timersonal y las enfermedades del neurodesarrollo infantil.

(Fuente: www.medicinadeldesarrollo.com (sitio web de la doctora Clavera):

 

http://www.medicinadeldesarrollo.com/Files/pdf/An%20Fac%20Med%20Lima.%202006%2067(3).pdf

70 familias con hijos autistas denuncian al Ministerio de Sanidad en España

Artículo sobre el juicio del pasado día 12 de marzo

El pasado viernes la Audiencia Nacional (Sección 4ª de lo contencioso administrativo) acogió la primera vista del primer juicio sobre la demanda interpuesta por 70 familias con hijos autistas contra los laboratorios fabricantes de vacunas con el conservante Tiomersal o Timerosal (elaborado a base de mercurio) y el Ministerio de Sanidad. Muchos niños con una metilación lenta no pueden eliminarlo facilmente y se les va acumulando motivo por el cual pueden sufrir trastornos neurológicos y desarrollar autismo, hiperactividad, déficit de atención, etc.

En esta primera vista los peritos de las compañías farmacéuticas contestaron a las preguntas de la parte demandante. En líneas generales continúan escudándose en que “no hay evidencia científica” de la relación entre el conservante de mercurio que llevan muchas vacunas y el autismo y los problemas neurológicos que padecen los hijos de los demandantes. Para ello citan estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que por cierto no han aportado en el juicio y que como argumenta el abogado defensor de esta familias, Felipe Holgado:

“no sabemos de dónde salen esos estudios, su financiación ni porqué la propia OMS se contradice pues ahora realiza afirmaciones nada concluyentes sobre este asunto cuando con anterioridad sí era más clara a favor de que existe causa efecto entre la inyecta de vacunas con mercurio y el autismo en los niños”.

Como se puso de manifiesto en el juicio, el propio Ministerio de Sanidad, a través del Instituto Nacional de Toxicología, emitió hace tiempo una nota en la que reconocía los posibles problemas de autismo relacionados con este conservante de las vacunas.

Pero al margen de la enorme cantidad de documentos que prueban que puede existir relación entre la vacunación con preparados que contengan como conservante mercurio que ha presentado ante la Audiencia Nacional la parte demandante, a los que ya hace tiempo tuve acceso, asistimos en este primer juicio a una nueva estrategia por parte de los laboratorios demandados. Estrategia de la confusión consistente en hacer creer que el derivado del mercurio utilizado como conservante en sus vacunas, el etilmercurio se disuelve en sangre y se elimina con normalidad cuando existen estudios científicos que aseguran que esto no es así. Aún más, como ha demostrado Holgado, en Italia el laboratorio Sanofi, uno de los demandados ante la Audiencia Nacional en este caso, reconoce en el prospecto de su vacuna DTaP (triple bacteriana, para niños de dos, cuatro, seis y siguientes meses) que como efecto colateral está el autismo.

El perito de Sanofi, ante la pregunta del abogado defensor sobre este particular, apenas contestó:

“si usted se lee los prospectos de los medicamentos se asustaría, poco más o menos me dijo, lo que no es contestar nada”, explica Felipe Holgado.

En fin, este es el primer juicio que se realiza en España sobre los posibles daños que pueden provocar las vacunas que contienen o han contenido ciertos conservantes. Juicio que será largo pues habrá varias vistas antes de resolverse este caso particular y al que seguirán uno por uno los restantes casos hasta completar los casi setenta que contiene la demanda presentada.

Más info: El libro La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo (Península, 2009) dedica uno de sus nueve capítulos al asunto del mercurio en las vacunas, el autismo y el conocimiento de ello por parte de los fabricantes de preparados vacunales y cómo intentaron anular el conocimiento de estos hechos por parte de la opinión pública. Se titula Concilio de conspiranoicos en el bosque Simpson. El triunfo del miedo al marketing.

 

 

Extraído de
http://www.migueljara.com/2010/03/16/comienza-el-juicio-sobre-los-danos-que-puede-provocar-el-mercurio-conservante-de-vacunas/

Página web de los doctores Mazzuka

http://www.quelacion.com/AUTISMO.htm

Efectos adversos en las vacunas del papiloma

Recogida de firmas para estudio de efectos adversos de las vacunas del papiloma

Un grupo internacional está recogiendo firmas para solicitar que se investigue sobre los efectos adversos de las vacunas del papiloma,. El texto y las firmas se van a entregar al presidente Obama, cuántas más tengamos mejor.

 

 

Nuevo estudio revela elementos neurotóxicos en niños con TGD

Contaminación por metales pesados puede ser causa del autismo

Lun, 28/06/2010 - 13:39

Un estudio realizado en un grupo de niños autistas residenciados en Cumaná, revela que tienen mayor concentración de elementos neurotóxicos, específicamente los metales pesados mercurio y cadmio, que los niños que no padecen esa dolencia psicológica. Estos resultados confirman que la contaminación por elementos químicos puede ser  uno de los agentes causales de ese trastorno general del desarrollo infantil.

El hallazgo fue hecho por: Eugenia Rebol, el técnico microscopista José Luis Prin, el licenciado Jesús Elyseo Reina, la doctora Luisa Rojas de Astudillo y el TSU Henry Astudillo, del Instituto de Investigaciones en Biomedicina y Ciencias Aplicadas “Doctora Susan Tai” de la Universidad de Oriente, IIBCAUDO.

Esta investigación, intitulada “Concentración de elementos tóxicos en los cabellos de niños autistas por Espectrometría de Dispersión de Energía de Rayos X (EDX), fue uno de los trabajos libres presentados en la modalidad de póster en las “II Jornadas Científicas del Departamento de Biomedicina” del IIBCAUDO.

El autismo provoca en los afectados problemas de relación social, conductas estereotipadas y poca diversidad de intereses; afecta a una porción significativa de la población y se ha observado que el número de casos se incrementa constantemente.

-La etiología de este trastorno es desconocida,  posiblemente multifactorial, y se señala que uno de sus agentes causales es la contaminación por metales pesados-, dicen los autores de esta investigación, quienes resaltan que por esa razón el objetivo fundamental de este estudio fue analizar y comparar algunos elementos químicos en muestras de cabello de niños cumaneses, autistas y normales. 

Para desarrollar esta investigación, obtuvieron de los niños objeto del estudio muestras de cabellos de la nuca de aproximadamente cuatro centímetros de largo, cortados a partir de la piel, y utilizaron como técnica de análisis la Microscopía Electrónica de Barrido con EDX acoplado a un equipo.

-El análisis del cabello, en vez de la sangre y la orina, tiene la ventaja de que las concentraciones de metales son más altas, químicamente homogéneas, y, sobre todo, que la muestra puede ser colectada rápidamente- afirman.

Esta investigación determinó, además de la alta concentración de mercurio y cadmio  hallada en los cabellos de los niños autista,  que la Microscopía Electrónica de Barrido es un elemento viable para determinar la contaminación por elementos químicos en niños afectados por dicho trastorno.


Extraído de http://www.el-guayanes.com/index.php?option=com_content&view=article&id=1573:contaminacion-por-metales-pesados-puede-ser-causa-del-autismo-&catid=49:universidad&Itemid=73

Histórica indemnización en EEUU en caso de Autismo causado por vacunas

Histórica indemnización de US$ 1.5 millones, en caso de Autismo causado por vacunas, en USA

Sáb, 02/10/2010 - 08:52

Este recién pasado 20 de julio de 2010, el primer juicio de autismo por intoxicación con timerosal originado por vacunas, logró una histórica indemnización para Hannah Poling, de 9 años de edad, su familia recibirá más de $1.5 millones para su cuidado de vida, su pérdida de ingreso, y dolor y sufrimiento. 

Hannah era descrita como normal, feliz y precoz en sus primeros 18 meses, en julio de 2000, recibió vacunas contra 9 enfermedades sarampión, paperas, rubéola, polio, varicela, difteria, tos ferina, tétano y Haemophilus influenzae, desde ese momento comenzó a presentar fiebre, inapetencia, falta de conexión con el medio y su familia y otros síntomas propios del espectro autista. La familia de Hannah interpuso una denuncia por autismo en la corte federal de vacunas, después  de cinco años de tramitación el Estado decidió ofrecer un acuerdo a la familia, según el que se compensará a Hannah por sus daños.

http://www.bar.portalnet.cl/rw.php?url=http://www.uscfc.uscourts.gov/sites/default/files/CAMPBELLSMITH.%20DOE77082710.pdf

Los médicos admitieron que la niña nació normal, estaba bien y desarrollándose normalmente hasta su visita médica a los 18 meses de edad, cuando le fueron administradas vacunas contra nueve enfermedades diferentes, todas de una vez (dos de ellas contenían timerosal).
Siete meses después de la vacunación, la niña fue diagnosticada por el Dr. Andrew Zimmerman, un conocido neurólogo, con “encefalopatía regresiva (enfermedad cerebral) con rasgos consistentes en el espectro de desorden autista”.

En su sentencia, favorable al demandante, el gobierno reconoce que “la niña tenia un desorden mitocondrial preexistente que fue agravado por las vacunas, que le llevó a un déficit en el metabolismo celular energético y que en última instancia dieron como resultado el diagnóstico de desorden Autista.

La sentencia no aclara si es el timerosal, el aluminio, los tres virus vivos inyectados, la combinación de todo ello u otros ingredientes de la vacuna, fueron los que causaron el autismo, por agravar el desorden mitocondrial que presentaba la niña, sin embargo, los trastornos mitocondriales son la enfermedad común más asociada con el autismo, algunos análisis han estimado que entre el 10 y 20 por ciento de los casos de autismo pueden estar relacionados con desórdenes mitocondriales, lo que hace que sean más de 1000 veces más comunes entre la población de enfermos autistas que en el resto de la población.

Las implicancias de este fallo son inconmensurables dado que si bien el gobierno no reconoce que el timerosal de las vacunas aplicadas a Hannah, fueron las que le ocasionaron autismo, si asume que éstas gatillaron el trastorno.

En términos simples asume la existencia de una correlación entre la aplicación de las vacunas y el desarrollo del trastorno autista, además de la responsabilidad del Estado respecto de la acción culpable que implica haber suministrado a Hannah una sustancia que le generó grave daño, cual es la situación de todos los niños afectados por autismo por intoxicación.

PROTOCOLO DAN (DEFEAT AUTISM NOW!)

Documentos en español del Autism Research Institute (ARI):

http://www.autism.com/tran_es_index.asp

Reportaje publicado en el diario EL MUNDO sobre vacunas y autismo

Noticia publicada en El Mundo

Jue, 10/09/2009 - 22:27

29 de febrero de 2004

NIÑOS / DEBATE CIENTIFICO

Culpable: vacunas con mercurio... ...ES LO QUE DICEN Isabel, y Mercedes, y Ana. Y decenas de madres cuyos hijos pequeños son autistas pese a que inicialmente eran, según ellas, normales. Varios estudios relacionan la presencia de mercurio en algunas vacunas con estas anomalías. Y pediatras de prestigio se lo toman en serio

PACO REGO / SANTI COGOLLUDO

PADRES Y AFECTADOS. Las familias de la Asociación para Vencer el Autismo (AVA), de Barcelona, piden que se estudien a fondo los efectos de las vacunas con mercurio. Muchos de sus hijos están afectados por el tóxico. Santi Cogolludo
  

El álbum que enseña Mercedes parece sacado de un cuento para niños.En cada hoja de cartulina, que ella ha ido adornando con dibujos de flores y casas encantadas, asoma la cara de un bebé de ojos grandes y azules. «Era hermoso, ¿verdad? Llamaba la atención por la calle», murmura la madre. «Y esta otra... Es una de mis preferidas. Tenía poco más de un año y ya sabía decir los números del uno al 10», insiste orgullosa Mercedes al ver de nuevo las estampas de su pequeño Luis correteando por el jardín de la casa paterna. Aquel niño precoz y juguetón, que por su desparpajo se había ganado la simpatía del vecindario de Carabanchel (Madrid), se fue apagando inexplicablemente.

De aquella vida intensa sólo quedan las fotografías, recuerdos de papel que ella y su marido Antonio guardan de los días felices tras la llegada del hijo primogénito y deseado. Porque Luis, fruto de tres intentos de inseminación artificial, nació sano como el que más. Hoy, cuando cumple ya cinco años, vive atrapado en un laberinto que se llama autismo. A veces le cuesta reconocer a su hermano, dos años menor que él, y olvida a ratos muchas de las palabras aprendidas hace tiempo. Desmemoria en él y dolor en unos padres convencidos de que han sido las vacunas (hepatitis B, difteria, tétanos, tosferina..., todas ellas con mercurio en sus componentes) las que cambiaron el destino de su hijo.

La sospecha ha incubado también entre muchos especialistas. El doctor José Francisco Navarro, experto en medicina ortomolecular, es de los que piensa, en contra de las opiniones de otros colegas, que la administración de tiomersal (nombre farmacéutico con el que se conoce el mercurio incluido como conservante en vacunas infantiles) puede causar alteraciones neurológicas severas a edades tempranas.

«El problema es real», asegura por experiencia el galeno alicantino.A él acuden desde recién nacidos hasta adolescentes con secuelas autistas. «La mayoría de ellos tienen unos niveles de mercurio en el organismo muy por encima de los límites tolerables». Lo dice por las pruebas de cabello que envía periódicamente a laboratorios de EEUU (los hospitales españoles no disponen de la tecnología necesaria, excepto el Ejército) para ser analizadas. «Hay niños», concluye, «que superan hasta en 12 veces las tasas establecidas internacionalmente para este tóxico». Y de ahí a los primeros síntomas autistas el trecho es brevísimo. La acumulación del metal pesado en el cuerpo (hasta 22 dosis de vacunas llegan a recibir niños que no han cumplido los 16 años) puede llegar a afectar gravemente al sistema nervioso central (problemas locomotores, pérdida de la capacidad de concentración, de las medidas de espacio y tiempo...).

Luis tenía 19 meses y 15 vacunas cuando Mercedes empezó a notar que algo no marchaba bien. «Cuando le daban los ataques, el niño se mordía hasta los travesaños de madera de su cuna. Todavía hoy tenemos que estar muy pendientes de él. Es siempre imprevisible.De pronto se vuelve extremadamente evasivo, no responde cuando le llamamos por su nombre, se arrastra por el piso, tiene lagunas mentales... Es como si mi hijo viviera permanentemente en un mundo aparte», cuenta Mercedes. Luego aprendería, por boca de algunos médicos y padres de niños con igual problema, que los síntomas autistas de su hijo no son fruto de un virus maligno, como ella pensaba por ignorancia, sino debidos probablemente a las concentraciones de mercurio utilizado en las vacunas que le administraron a Luis.

No es el único. En la Asociación para Vencer el Autismo (AVA), de 200 menores autistas, según su vicepresidenta Ana Medina -madre de un adolescente en tratamiento- más de un centenar están afectados por mercurio. Y ello, dice, porque «no podemos atender todas las peticiones de ayuda social y médica que nos llegan de toda Cataluña y otras comunidades».

En España, de acuerdo con datos del Servicio de Psiquiatría de la Policlínica de Guipúzcoa, se ha pasado de cuatro a cinco casos de autismo por 10.000 niños en edad escolar a cifras mucho por encima del uno por 700.

Una de las razones por las cuales puede haberse incrementado la población de niños con trastornos neuronales similares a los del autismo es, a juicio de muchos especialistas, el aumento espectacular en el número de dosis administradas. De hecho, se ha pasado de ninguna o unas pocas que se ponían nuestros abuelos a unas ocho para los padres actuales y, de éstas, a unas 20 o más que hoy reciben sus hijos. Si sumamos todas las que contienen mercurio (al menos siete de diferentes laboratorios) los niños vacunados en la actualidad, prácticamente todos, reciben unas cantidades de tiomersal (también llamado timerosal) muy superiores a las de sus padres y abuelos. Aún quedan vacunas tan importantes como la hepatitis B y el tétanos, incluidas, entre otras, en todos los calendarios de vacunación, que no están exentas del producto tóxico. Aunque en las farmacias también las hay sin este peligroso metal.

«DESPISTE» MÉDICO

Juran muchos padres y madres que las conductas autistas de sus hijos comenzaron a los 15 meses, poco después de que les inmunizaran contra el sarampión. El crío de Ana Medina, que nació totalmente normal y hoy sigue una estricta cura de desintoxicación de mercurio, empezó su calvario particular al poco de cumplir dos años. Un caso gemelo al de Luis. Aún no hablaba y sus movimientos, en palabras de la madre, parecían más torpes de lo habitual para un niño de su edad. «Ya hablará, le suele pasar a niños que son muy inteligentes», dice Ana que le contestó el médico de la Seguridad Social, como único diagnóstico. Un año después el chiquillo no paraba de temblar compulsivamente y de echar saliva por la boca.Y siempre la misma respuesta: «No le vemos nada, ya se le pasará», le explicaba otro pediatra. «Que le vean en la Unidad de Salud Mental», concluyó una psiquiatra de la red pública.

Agobiada por el cariz que iba tomando la salud de su hijo, Ana, que hasta entonces ni siquiera le pasaba por la cabeza sospechar de las vacunas, decidió indagar por su cuenta en revistas científicas extranjeras y empezó a devorar todo lo que se publicaba sobre el mercurio y el autismo en las numerosas páginas que circulan por Internet.

«Pude darme cuenta de que decenas de niños de la edad del mío, incluso mayores que él, eran y son víctimas de un descuido o de una falta de información por parte de las autoridades sanitarias, inexplicable». [De los tres pediatras consultados por este suplemento, sólo uno dijo saber que determinadas vacunas de uso común llevan mercurio]. Tanto es así que el Catálogo de Especialidades Farmacéuticas del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos tiene dedicadas varias páginas a las vacunas españolas con tiomersal.

¿Tiene este tóxico los días contados en España? El «riesgo teórico» está admitido por las autoridades desde hace al menos cuatro años. En una circular del desaparecido Insalud (Hoja de evaluación terapéutica, volumen 2, nº 20 de 2000)-a la que ha tenido acceso CRONICA-, el Sector 11 de Atención Primaria de Madrid refiere cómo la propia Agencia Española del Medicamento, en sintonía con la Academia Americana de Pediatría y la OMS, entre otros organismos, instaba ya «a los laboratorios productores de vacunas a intensificar los esfuerzos para eliminar de forma definitiva la presencia de tiomersal» en estos fármacos.

«Ésta es una medida de precaución motivada por un riesgo teórico», se subrayaba antes de apuntarse que faltaban «datos concretos y evidencias serias en niños». Aún hoy es la postura oficial que mantiene el Ministerio de Sanidad. Según Fernando García Alonso, director general de Farmacia, «todos los estudios científicos realizados desde 1999 descartan cualquier tipo de relación».El 8 de julio del mismo año, la Agencia Europea de Evaluación del Medicamento, en un comunicado dirigido a todos los departamentos sanitarios de la Unión, abogaba por el uso de vacunas infantiles sin tiomersal «en el plazo más breve posible».

«ENORME MENTIRA»

La investigación es el fuerte del doctor Xavier Uriarte, un catalán de reputado prestigio internacional en el campo de la Inmunología que se desmarca con contundencia de la postura oficial de las autoridades españolas. «Decir que se puede seguir vacunando con mercurio es una enorme mentira», sentencia el experto.

Él sostiene que, si todavía no se ha llegado a una conclusión científica final que establezca una relación causa efecto entre mercurio y los trastornos autistas, se debe a que la mayoría de los estudios «están pagados por la industria farmacéutica».De lo contrario, se pregunta el inmunólogo, «¿por qué las empresas siguen vendiendo un medicamento del que ya se tienen suficientes datos para retirarlo del mercado? ¿Cómo se explica, si no, que el departamento de control de medicamentos de la Comisión Europea dispusiera, en julio de 2000, la retirada del mercurio en los fármacos como, por ejemplo, colirios y antisépticos, y en cambio no ordenara la eliminación total e inmediata de los stocks de vacunas? No digo que no haya que aplicarlas, pero que se haga con toda la seguridad necesaria. Y lo que es más grave: ¿por qué las autoridades, conscientes de este problema, siguen permitiendo que miles de niños continúen recibiendo vacunas con mercurio, sin dar cumplida cuenta a los padres de los potenciales riesgos que corren sus hijos?». Desde 1996 el tiomersal está prohibido en vacunas monodosis de uso veterinario.

El de Isabel fue un peregrinar sin aliento por los hospitales de Madrid. No entendía, pese a su formación en Biología Humana, cómo aquel niño de pelo rubio, fuerte y vivaracho, que tanto le había costado engendrar, ni siquiera le llamaba mamá. Y no porque el pequeño alguna vez la hubiera percibido como una extraña.Antes de que cumpliera dos años David se mostraba como cualquier criatura normal a su edad. Así fue hasta que de su mente se borraron los estímulos y las caricias aprendidas en sus primeros 24 meses de vida. Luego, «perdió el sentido de la orientación, no sabía ir de un lado a otro ni bajar las escaleras de la casa», recuerda la joven madre.

Tampoco decía palabra ni jugaba con otros niños. Al verlo, los médicos concluyeron, sin más, que David era autista. El disgusto se tornó en rabia cuando los padres supieron por los doctores que el origen del mal de Pedro no tenía explicación. Ni en su cerebro ni en los genes que supuestamente predisponen al trastorno encontraron respuesta. Pero Isabel no se rindió. Y como ya hiciera Ana, se empapó de todos los estudios que hablaban del autismo y sus causas. Y encontró lo que jamás hubiera imaginado: varios estudios científicos hablaban, a favor y en contra, de una más que probable relación entre síntomas autistas e intoxicación de mercurio proveniente de vacunas infantiles.

«Por unos instantes no supe cómo reaccionar. Esa misma mañana me acerqué a una farmacia y comprobé, por los prospectos de las marcas que figuran en la cartilla de vacunación, que todas las dosis que le habían administrado a mi hijo contenían tiomersal».

Los laboratorios lo justifican. Entre ellos, Berna, que comercializa vacunas de la difteria y la tosferina (Anatoxal Tedi). «Mientras Sanidad no lo prohiba y no haya estudios concluyentes, no hay razones para retirarlas», explica el jefe de marketing de la compañía, Jesús Campo.

El laberinto en el que aún vive David, con seis años cumplidos, se tornó algo más llevadero cuando su madre, Isabel, decidió por cuenta propia repetir algunos de los análisis fallidos que ya le habían hecho a su pequeño. Algo, pensó ella, se le habrá escapado a los doctores. Sobre todo después de comprobar que ninguno de los especialistas consultados llegara siquiera a sospechar de las vacunas. Hasta que un médico amigo les propuso hacer un análisis de orina en EEUU. David llevaba en sus tejidos tasas muy altas de mercurio, concluyeron los resultados. Hoy sigue un programa psicopedagógico privado en su propia casa de Madrid con buenos resultados. Pero su madre está cansada de pedir ayuda oficial, sanitaria y educativa, para poder sobrellevar la carga económica (1.000 euros al mes) que conlleva la cura. No tuvo respuesta pese a que los neurólogos de la Seguridad Social le dijeron que era el único tratamiento recomendable.

A un paso del hogar donde el pequeño David se recupera, en el vecino barrio de Móstoles, dos farmacéuticas del Hospital General (Rosa María Catalá, jefa del Servicio de Farmacia y María Segura Bedmar, adjunta), y el residente Carlos Huerta, advertían en un estudio de ocho páginas sobre los perjuicios del mercurio.Es más, bajo el título Evaluación de la seguridad de las vacunas por su contenido en tiomersal, publicado en 2000, ya se decía claramente que éste es un «conservante potencialmente tóxico, sobre todo en los seis primeros meses de vida». Durante este periodo, añaden los investigadores, «un niño puede recibir una dosis de mercurio de entre 25 y 112,5 microgramos, lo que supera los límites del rango establecido. Y concluyen: «Siempre elegir alternativas exentas de tiomersal».

Pasado el tiempo, Isabel, como otras madres, sigue mirando hacia atrás. No se cansa de ver los vídeos que con tanta ilusión grabaron a aquel niño de pelo color oro. Sólo tenía dos años. Y al poco de recibir la séptima dosis de mercurio, David dejó de sonreír a la cámara.


Acusaciones sin fundamento
JOSÉ LUIS DE LA SERNA

Los avances en medicina se han hecho siempre basados en la ciencia.Los casos clínicos puntuales, por raros y duros que parezcan, sólo son eso: casos aislados que para asociarlos a un determinado factor de riesgo deben ser validados por los epidemiólogos. En el caso contrario, de la anécdota se pasa al folklore. En España ha pasado con el tema del Bio-Bac y con las antenas de telefonía móvil, dos asuntos con gran eco mediático que luego han sido colocados en su justo lugar por los científicos. De acuerdo con las últimas estadísticas, la prevalencia del autismo en el mundo parece que ha aumentado. Cuando una patología aumenta su incidencia siempre se tiende a buscar una razón para justificarlo. Hace ya varios años que se trata de culpar a las vacunas, sobre todo a las inyectables que tienen timerosal (mercurio). El único estudio de cierta relevancia -aunque muy criticado por su metodología- que asocia vacunas con autismo fue publicado en 1998 por The Lancet. Ninguno de los muchos trabajos que se han hecho para saber si las vacunas modernas tienen algo que ver con ese trastorno neurológico han dado positivos. Al contrario, todos han concluido de forma similar: no existe prueba alguna que fundamente la relación vacunas y autismo. No hay datos, de momento, que sostengan una acusación de esas características. Por otra parte, hace una semana se ha sabido que el estudio que en su día publicó Lancet puede ser fraudulento. El autor del trabajo había cobrado casi 82.000 euros de una institución que quería querellarse contra los laboratorios que fabrican vacunas. El editor de la revista británica ha reconocido que, sin género de dudas, de haber conocido en su día este detalle jamás hubiera publicado el trabajo. El tema es relevante y desde este mismo mes trabajan para el Instituto de Medicina (una prestigiosa organización independiente en EEUU) un panel de científicos revisando hasta la saciedad cualquier detalle sobre autismo y vacunas. En unos meses tendremos sus conclusiones. Entre tanto, los expertos insisten en que hay muchas más fuentes de mercurio en la vida real que las vacunas y que acusar a éstas sin fundamento es una grave irresponsabilidad.

José Luis de la Serna es subdirector de EL MUNDO y responsable del área de Salud.

Fuente: http://www.elmundo.es/cronica/2004/437/1078148137.html

Especialistas médicos cuestionan la seguridad de las vacunas

Especialistas médicos cuestionan la seguridad de las vacunas

Jue, 10/09/2009 - 21:57

En EEUU, cada año se denuncian 14.000 casos por sus efectos secundarios

11 Septiembre 2000

CARLOS FRESNEDA.

Enviado especial WASHINGTON.-

En el último medio siglo, las vacunas se han impuesto como un ritual médico que nadie se atrevía a cuestionar. Gracias a las inmunizaciones masivas, dicen, hemos vencido la batalla a las enfermedades infecciosas... Pero la certeza de entonces, la convicción de que los pinchazos son beneficiosos y que sus riesgos son mínimos, se está empezando la resquebajar. Las primeras voces de alarma la dieron los padres de niños afectados por los efectos secundarios. Algunos acusan a las vacunas de estar detrás de las muertes prematuras de sus hijos; otros sospechan que existe una relación entre los pinchazos y el espectacular aumento de enfermedades como el autismo, el asma o la diabetes.
La mayoría de la clase médica sigue aferrada al dogma oficial y alerta contra los riesgos de un posible rebrote de las enfermedades infecciosas si se baja la guardia. Otra parte minoritaria ha decidido escuchar a los afectados, aportar argumentos científicos y hacerse la misma pregunta en voz alta: «¿Son seguras las vacunas?». Medio centenar de especialistas de todos los frentes (inmunólogos, epidemiólogos, neurólogos, microbiólogos, pediatras) acudieron el pasado fin de semana a Washington para paticipar en el Conferencia Internacional sobre las Vacunas. Vinieron de Gran Bretaña, Canadá, Australia y Estados Unidos, e intentaron responder a la creciente preocupación de los padres norteamericanos. Como invitado especial, el congresista Dan Burton, que ha conseguido hacer desfilar por el Capitolio a la autoridades sanitarias y a la industria farmacéutica. Burton se ha tomado el tema como algo muy personal: su nieto de dos años comenzó a dar síntomas de autismo tras recibir una vacuna triple DTP (contra la difeteria, el tétano y la tos ferina). «Yo no pongo en duda la validez de las vacunas», dijo Burton. «Pero lo cierto es que algo está pasando. Esta preocupación la estoy detectando en la clase médica, y creo que ha llegado el momento de informar al público».


Toxicidad

La iniciativa de Burton ha coincidido con noticias alarmantes como la retirada temporal de la vacuna contra la hepatitis B, al detectarse altos niveles de toxicidad de mercurio. O la marcha atrás de una vacuna contra la diarrea, al descubrirse que podía causar gravísimas obstrucciones intestinales. O la suspensión de la vacuna del polio por vía oral, causante de los únicos casos de la enfermedad detectados en EEUU. Se ha roto el muro de silencio y diversos colectivos están comenzando a actuar. El más reconocido en EEUU es el Centro Nacional de Información de las Vacunas (NVIC), encabezado por la infatigable Barbara Loe Fisher, madre de un niño que sufrió graves daños en el sistema nervioso tras el cuarto pinchazo de la DTP. «Hoy por hoy, los niños americanos reciben más de 30 vacunas en sus primeros dos años de vida, y cuantos más pinchazos, más casos de reacciones adversas», declaró Barbara a los más de 500 asistentes a la conferencia.

Todos los años se denuncian en EEUU unos 14.000 casos de graves efectos secundarios atribuidos a las vacunas. En los últimos 14 años, el Gobierno ha indemnizado a las víctimas con 180.000 millones de pesetas. Como contrapunto a las cifras, historias en vivo como las de los gemelos Smith. Jacob recibió la vacuna contra la hepatitis B al mes de nacer; Jesse, a los tres meses. A los 15, los dos recibieron la triple vírica: Jesse no tuvo más que una ligera fiebre, pero Jacob comenzó a dar síntomas de autismo... «Yo estoy convencida de que la hepatitis B noqueó su sistema nervioso, y la triple vírica remató la faena», confiesa su madre, Jeana. Por si acaso, a su última hija no la ha vacunado: «Es una decisión que no tomas a la ligera, pero no voy a jugar otra vez a la ruleta ni a comerme los dedos por la falta de respuestas».

LA OTRA VERDAD sobre las VACUNAS

Información NO CENSURADA sobre las vacunas y cómo afectan éstas a la salud de nuestros hijos:

 

http://www.thinktwice.com

La doctora Mazzuka y el tratamiento biomédico

Vídeo de la doctora DAN Rosella Mazzuka:

http://www.youtube.com/watch?v=YfMMj0E7oJg

Mucho de lo que no le han contado sobre la vacunación

Vídeos e información del máximo interés sobre el efecto de las vacunas en nuestros organismos:

http://www.vacunacionlibre.org/

Instituto de Medicina en EEUU recomienda evitar las vacunas con mercurio en los niños

Los especialistas recomiendan evitar las vacunas que contengan mercurio en los niños

Mié, 10/03/2010 - 11:15

WASHINGTON.- Los médicos deberían evitar en la medida de lo posible prescribir en los niños vacunas que contengan mercurio, aun cuando los riesgos de problemas neurológicos presentados por tales vacunas todavía no han sido demostrados, según científicos estadounidenses.

En un informe publicado por el Instituto de Medicina, estos especialistas indicaron que han examinado el efecto de la timerosal (o mercuroticiato de sodio), frecuentemente empleado como antiséptico en las vacunas y otros medicamentos.

Los investigadores concluyeron en la ausencia de relación probada entre la absorción de esta sustancia por los niños y el desarrollo de casos de autismo, problemas del lenguaje, hiperactividad y otros problemas nerviosos.

No obstante, los expertos juzgan "biológicamente posible" la hipótesis que esta sustancia aumente los riesgos para los niños de desarrollar estos problemas.

Los autores, que hicieron sus recomendaciones a las autoridades sanitarias, juzgan necesario realizar estudios complementarios para examinar la existencia de relaciones entre las vacunas que contienen timerosal y los problemas neurológicos en los niños.

Las recomendaciones fueron saludadas este lunes por la asociación Safe Minds, que reagrupa a los padres de niños enfermos y financia estudios sobre el efecto de sustancias a base de mercurio, para su prohibición en los productos farmaceúticos.

 

Extraído de http://www.elmundo.es/elmundo/2001/10/01/ciencia/1001971115.html

Blog fundamental: la familia BIOAUTISMO

Uno de los más completos blog acerca de la intervención biomédica en el autismo infantil.

¡FUNDAMENTAL!

 

http://www.bioautismo.cl/

Autism Institute Research (ARI) / PROTOCOLO DAN (Defeat Autism Now!)

Documentos en español del Autism Institute Research (ARI) / PROTOCOLO DAN (Defeat Autism Now!):

http://www.autism.com/tran_es_index.asp

ESTUDIO DE STEPHEN BARRIE demuestra intoxicación de metales en 2000 niños autistas

Estudio en 2.000 niños autistas demostró la presencia de niveles
elevados de plomo y mercurio en sangre.

Stephen Barrie, ND: “Mi reciente artículo de una gran base de datos clínicos con
autismo demuestra que los niños autistas tenían niveles elevados en sus cuerpos
de varios productos químicos conocidos por ser neurotóxico. Los niños tienen
variaciones genéticas, que interfieren con la adecuada detoxificación de estos
químicos. Con más de 2.000 pacientes en la base de datos, mi artículo es uno de
los mayores estudios que muestra que los factores ambientales, en interacción
con componentes genéticos asociados, pueden estar contribuyendo a las causas
del autismo… .
Mi artículo muestra que la cantidad de plomo y mercurio en sangre en estos niños
en promedio superaba en un 50 por ciento el nivel habitual.
Sus cambios genéticos (SNPs) se relacionaron con lo que se denomina
detoxificación de fase I y fase II - específicamente la familia de los genes
CYP y GST. Este defecto reduce la capacidad de los niños para eliminar el exceso
de toxinas de sus cuerpos.

"Estos niños autistas también tenían niveles varias veces superiores de
bacterias intestinales inadecuadas y niveles menores de bacterias intestinales
beneficiosas. Las bacterias intestinales inadecuadas pueden producir aminas
neurotóxicas causando aumento de la permeabilidad intestinal ( “leaky gut” en
ingles) facilitando que las sustancias tóxicas lleguen al sistema circulatorio
.. . "

Link al estudio complete en inglés:
http://personalizedmedicine.posterous.com/environmental-factors-contributing-to-the-ons#

40 muertes ligadas a las vacunas infantiles en el Reino Unido

40 muertes ligadas a las vacunas infantiles en Reino Unido a lo largo de 7 años

Mar, 23/11/2010 - 17:01

Se sospecha que cuarenta niños pueden haber muerto como resultado de recibir
las vacunas rutinarias en los últimos siete años.

LAS VACUNAS INFANTILES SON SOSPECHOSAS DE HABER DEJADO A DOS NIÑOS CON DAÑO CEREBRAL Y CAUSADO OTRAS 1500 REACCIONES NEUROLÓGICAS

Las vacunaciones infantiles también son sospechosas de haber dejado a dos
niños con daños cerebrales y causado més de 1500 reacciones neurológicas,
incluyendo 11 casos de inflamación del cerebro, 13 casos de epilepsia y un
coma.

Los datos, desglosados por el  “Medicnes and Healthcare products regulatory
Authority” (MHRA) siguiendo un requerimiento del Sunday Times , según el
Acta de Libertad de Información, muestra que desde el 2003 ha habido más de
2.100 reacciones adversas serias a las vacunas infantiles, algunas de ellas
con peligro de la vida.

Quinze inyecciones son dadas de forma rutinaria a los niños como parte del
programa de vacunaciones rutinarias. Ofrecen protección contra enfermedades
tales como la polio, difteria, paperas o sarampión.

El MHRA dice que las muertes y las reacciones neurológicas deben ser
entendidas dentro del contexto de las 90 millones de dosis de vacunas
infantiles, que se han dado desde el 2003.

Los detalles de las muertes bajo sospecha y de los problemas neurológicos se
han dado a conocer justo dos meses después que un requerimiento legal forzó
al gobierno a aceptar que su programa de vacunas había dejado a un niño con
daños cerebrales severos.

Trece años después de la primera vez que se rechazó reconocer que Robert
Fletcher , ahora con 18 años, había quedado con daño cerebral severo después
de la vacuna de la Triple vírica , el Gobierno se ha visto forzado a pagarle
las compensaciones acordadas.

La madre de Robert, Jackie, que fundo Jabs, un grupo de apoyo a las familias
con niños afectados por las vacunas, dijo : “ es comunmente aceptado dentro
de la profesión médica que tan sólo el 10% de lo que se sospecha son
reacciones adversas a vacunas han sido registradas de forma correcta. Ahora,
el Departamento de Salud ha admitido que la magnitud del problema es
bastante más grande de lo que indicaban estas estadísticas”
Jack Dukes, de 18 años, vecino de Weymouth, Dorset, quedó con daños
cerebrales severos después de la vacuna de la tos ferina, que recibió a los
2 meses de vida. Tiene la edad mental de un bebé, es incontinente y va en
silla de ruedas. Se le compensó con 91.500 Libras Esterlinas, según el
esquema de pago gubernamental para los damnificados por vacunas.

La familia de George Fisher esta convencida que la Triple Vírica (MMR en
inglés) contribuyó en la muerte de su hijo de 18 meses. Murió 10 días
después de que le inyectaran la vacuna en Enero del 2006.
Su madre, Sarah, una recepcionista de hotel de Cheltentham, Gloucestershire,
cree que alguna enfermedad que tenía le hizo susceptible a una reacción
adversa de la vacuna. Cuatro meses antes de recibir la vacuna, George sufrió
una convulsión debida a un acceso febril. Sarah dijo : “George tuvo un virus
muy malo. Estuvo muy enfermo y tuvo una convulsión debido a la fiebre tan
alta que tenía. No pienso que toda la culpa sea de la vacuna MMR, pero sin
duda fue un factor de su muerte”


traducción de http://www.wddty.com/40-uk-children-killed-by-mmr-and-the-true-picture-could-be-10-times-worse.html

EL VIAJE DE VUELTA

El autismo es tratable. La recuperación es posible.

 

Este blog narra la historia de una familia que un día se enfrentó al difícil diagnóstico de un Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD) y que hoy puede contar la recuperación de su hijo gracias a la Biomedicina. Pretende ser una luz en el camino de tantos padres perdidos que hoy en día viven una historia similar. Pretende transmitir un mensaje de esperanza contando la otra cara del autismo, ésa a la que la medicina oficial sigue dando la espalda.

 

 

NUESTRA HISTORIA

 

Un bebé feliz

Dani, mi segundo hijo, nació el 9 de abril de 2008, en un precioso parto donde viví la emoción de verlo llegar al mundo desde mi total plenitud y madurez como madre. Fue un niño macrosómico: pesó 4 kilos 300 gramos. El parto fue largo y costoso, y en algún momento se tiñó el líquido y se pensó en intervenir con oxígeno. Pero finalmente, Dani eligió salir y nació sin cesárea ni intervención con fórceps o ventosas. Salió y lloró como un gran guerrero, librando su primera gran batalla.

Su primer año de vida transcurrió con total normalidad en cuanto a su desarrollo psicomotor y cognitivo (sus dolencias bronquiales merecen un relato aparte). Era un niño extremadamente alegre, expansivo, risueño (le faltaban horas al día para reírse a carcajadas), comunicativo, juguetón, social y, sobre todo, muy cariñoso y afectivo. Llamaba la atención su sonrisa, su búsqueda de una caricia, su despierta mirada a todo lo que le rodeaba.

A nivel motor fue cumpliendo todas las etapas de su desarrollo como cualquier niño de su edad: levantar el tronco, sostener la cabeza, gatear, quedar erguido…A nivel intelectual, iba respondiendo con total curiosidad a todos los estímulos de su entorno. Y a la misma edad que otros bebés, llegó su pre-lenguaje, el juego con su voz, sus primeros balbuceos, sus primeras sílabas, sus primeras palabras…

Dani estaba entre nosotros. Y su mundo y el nuestro eran el mismo. Dani estaba tan conectado a su entorno como un árbol a la tierra.

 

El viaje de ida

Un día (no se sabe exactamente cuál) todo cambió. Es difícil poner fecha al cambio, porque no ocurre de golpe. Sí recuerdas el día en que, por primera vez, te paras, tomas aire y te atreves a preguntarte a ti misma si todo va bien. Recuerdas “la época” en que se inician las sospechas. Recuerdas momentos y fragmentos: el inicio del viaje de ida hacia lo desconocido.

Fue en el verano de 2009. Habíamos ido a veranear en familia a un apartamento en la costa, en el sur de la isla. En aquel entonces, Dani aún reía, jugaba, conectaba, disfrutaba de sus primeros baños en la piscina y en la playa. Pero a finales del mes de julio volvimos un día a la capital para acudir a su pediatra: fiel a su cita con el calendario vacunal, le tocaba la vacuna triple vírica de los 15 meses (sarampión, rubéola, paperas).

A los diez días de haberle administrado el pinchazo, estando de nuevo en el apartamento de verano, despertó una noche ardiendo en una fiebre altísima. Mi marido salió con él en brazos hacia urgencias, casi con el pijama aún puesto, y tras evaluarlo no hallaron en él nada significativo que hiciera pensar en ninguna infección (no tenía enrojecimiento de garganta, ni roncus pulmonar, ni inflamación en los oídos, ni signos de proceso catarral). Pensamos que podría tratarse de la GRIPE A, cuya aparición en aquellos días se encontraba en pleno auge mediático. Pero la fiebre, tal cual vino, se marchó. Y nunca volvimos a darle más importancia al episodio.

Al regreso de aquel verano, y tras retomar la rutina de la vida post-vacacional, se asomaron los primeros cambios en la vida del niño. Comencé a notarlo “distinto”: más distante, más irritable, más irascible…Poco a poco empecé a sentir un cambio drástico en su alegre carácter de siempre, en su dulce forma de ser, en su humor…De ser un niño que sonreía a todas horas, comenzó a mostrarse molesto, enfadado, enrabietado por todo…De ser un niño dulce empezó a mostrase árido e indiferente…Su vida comenzó a volverse “rutinaria”…No admitía cambios. Quería hacer siempre lo mismo. De forma obsesiva. Desarrolló un carácter inflexible hacia todo lo que no coincidía con su extraño y limitado catálogo de intereses. Y empezaron las rabietas. Las tardes en casa repetían diariamente el mismo esquema de pataletas sin motivo aparente. Unas rabietas desproporcionadas e inexplicables. Le proponíamos juegos y él lloraba. Lo subíamos a su habitación para que se divirtiera con todo lo que hasta ahora había formado parte de su mundo, y él se resistía. Tanto lloraba y se enfurecía que teníamos que colocarlo sobre una alfombra de goma para evitar que se lanzara contra el piso y se golpeara la cabeza. Al principio pensé que venía muy cansado de la guardería, que no estaba haciendo bien la siesta. Pero cuando las rabietas comenzaron a acompañarse de conductas ritualistas y carentes de funcionalidad, se me encendieron todas las alarmas.

 

Adiós al juego

Dani acudía por aquellos días a una guardería donde, a través de un sistema de vigilancia por cámaras conectadas al ordenador, se podía seguir al niño desde casa. Yo casi nunca podía verlo, porque estaba trabajando. Pero mi madre, que sí vigilaba al niño cada día, fue la primera persona en advertirme que se pasaba la mañana dando vueltas alrededor de una columna sin apenas hacer nada más. Aquella primera señal me sacudió el corazón.

Vinieron muchas otras señales. La primera de ellas, su falta de interés por todos sus juguetes habituales. La segunda, su obsesión por los cochecitos. Eran los únicos objetos que admitía. No es que le interesara jugar con ellos para hacer carreras, subir y bajar pistas o imitar el sonido del motor o la sirena. Lo único que le interesaba era moverlos de un lado a otro con la mirada perdida: se ponía de rodillas frente a una mesa o un mueble, y movía un coche hacia delante y hacia atrás, una y otra vez, una y otra vez, durante horas, horas, horas…Como las astas de un ventilador. Como las olas del mar meciéndose sin más explicaciones. Otras veces los colocaba en fila: uno detrás de otro, minuciosamente, con una precisión asombrosa, sin cometer errores en su perfecta colocación. O abría y cerraba las puertecitas del vehículo. O miraba sus ruedas y las hacía girar, mientras quedaba embelesado en ese movimiento. Y en ese viaje hacia ninguna parte se perdía, ya no estaba entre nosotros, ya no estaba conmigo. Lo llamaba, y no respondía a su nombre. Intentaba devolverlo a nuestro mundo con algún otro estímulo (un sonido fuerte, por ejemplo) y fracasaba en el intento. “¿Dónde está Dani?”, empecé a preguntarme a mí misma, con una voz débil, todavía solitaria, todavía sólo mía (lleva mucho tiempo compartir esto en voz alta).

 

El silencio toma nuestras vidas

Y un día me di cuenta de lo más brutal de todo: el silencio. ¿Dónde estaba la alegre voz de mi hijo? ¿A dónde habían ido a parar sus primeras palabras? Ese día te despiertas de verdad y te das cuenta de que tu hijo YA NO habla. Ha caído en una mudez absoluta. Olvidó el lenguaje que tenía, se lo tragó el mismo sumidero que lo está absorbiendo a él…Y entonces corres a rebuscar en los cajones de la cómoda donde guardas todos las cintas de vídeo que le grabaste meses atrás…Y las pones y las revives sólo para convencerte a ti misma de que no estás loca, de que tus recuerdos son certeros, de que efectivamente tu hijo hablaba, de que ciertamente reía a carcajadas y tenía lenguaje, y decía “mamá”, “papá”, “agua” y “ajó”, como todos los demás bebés…Y vuelves a preguntarte: “¿Dónde estás, Dani?” “¿Hacia dónde te estás marchando?”

 

Un cerebro drogado

Hay muchos otros recuerdos del inicio de aquel viaje hacia la pesadilla que me acompañarán toda la vida. Recuerdo su particular manera de llorar cuando se enfadaba. Comenzó a emitir un llanto extraño, que salía de alguna profunda y desconocida entraña, un llanto hueco, como el eco en una cueva, más parecido al de un animal, o al de una extraña criatura, que al de un bebé. Cuando lo oía llorar así me asustaba. No lo reconocía. Ahora sé que quien lloraba no era mi hijo, sino un cerebro drogado. Pero me quedaba aún mucho camino para averiguarlo.

Recuerdo especialmente una tarde en que hacía mucho calor y estábamos en la azotea de casa. Le habíamos preparado la pequeña piscina que a veces llenamos en los días de buen tiempo. El piso de la azotea se había recalentado y estaba ardiendo. Era imposible caminar descalzo por encima de aquel suelo sin achicharrarse la planta de los pies. Y, sin embargo, de pronto, pude ver cómo mi hijo caminaba sobre aquel fuego como lo haría un fakir sobre una alfombra de clavos. Como si nada…Allí estaba él, paradito encima del piso, sin inmutarse. Corrí a cogerlo en brazos, toqué la planta de sus piececillos enrojecidos. Ardían. Me apresuré a meterlo en el agua. Quedé muy impresionada con aquel episodio. Y, de hecho, tanto me dolió que jamás lo compartí ni lo hablé con nadie, ni siquiera con mi marido, al que no quería hacer sufrir. Cuando los especialistas alguna vez me preguntaron si había notado algún tipo de insensibilidad al dolor en Dani, nunca dije nada, no sé si por miedo a la confirmación del diagnóstico o vete a saber por qué “irracional” motivo…De hecho, es la primera vez que lo verbalizo, que le doy forma a mi miedo y lo expreso en voz alta.

 

 

Días de angustia

Recuerdo igualmente a Dani apegado a sus “objetos”, tratando de cargar consigo 10 o 15 cochecitos a la vez que, por supuesto, acababan en el suelo. Y lo recuerdo sentado en su sillita en un estado de extrema pasividad, con la mirada clavada en el televisor, sin atender a nada más, completamente hipnotizado, como el que está drogado, sin contacto ocular, sin respuesta a mi voz, a mis intentos de contactar con él. A veces llegaba de la calle y corría a abrazarlo, a besarlo. Pero él ni me miraba. Permanecía impasible mirando el televisor, como si yo no estuviera allí.

Por aquella época, su única manera de comunicarse consistía en cogernos de la mano y llevarnos por la casa hasta el lugar donde quería ir, hasta el objeto que solicitaba coger. Luego supe que aquella señal era lo que los especialistas llaman “el uso instrumental del adulto”. Aún no señalaba. Nos utilizaba a nosotros como dedo índice de sus intereses. Y ése era el máximo vínculo comunicativo que lograba establecer.

Otro recuerdo que guardo de aquellos angustiosos días era su compulsiva forma de comer. Siempre fue un niño de buen comer, con un apetito asombroso, un niño que no le hacía ascos a nada. Sin embargo, comenzó a desarrollar una extraña forma de ingerir los alimentos, que no me parecía “normal”. Se lanzaba al plato y quería meterse en la boca toda la comida al mismo tiempo, sin masticación, sin orden, sin pausa, sin descanso, como un animal adicto y hambriento…No permitía que tú intervinieras para tratar de evitar que se ahogara. Si no lo detenías, podía meterse veinte pedazos de comida a la vez. Y casi siempre el episodio terminaba en una explosiva rabieta.

 

Qué está ocurriendo

Un día te despiertas y te dices a ti misma que algo está ocurriendo, que debes empezar a darle forma a tus miedos, debes darle voz a tu angustia, debes verbalizar, averiguar, preguntar, compartir…

Lo primero que hago es consultar en Internet. Me encuentro con dos palabras clave que cambian mi vida: “retraso madurativo”. Es un hilo del que tiro y descubro toda una madeja. Tropiezo con el blog de una gran madre, una gran mujer: Rosina Urialde. Le escribo un e-mail contándole mis miedos y sospechas, y apenas tarda unas horas en contestarme (¡Gracias, Rosina, por aquel primer correo que abre mis ojos!). Es la primera persona que me habla de la necesidad de consultar a un especialista del desarrollo infantil, que me habla de terapias, de “autismo”, que incluso me menciona algo aún completamente desconocido para mí: una dieta especial, sin gluten ni caseína, que puede ayudar a mi hijo. Aún estoy lejos de todo eso. Pero ese primer e-mail me sitúa en un camino nuevo que transforma mi vida.

Lo segundo que hago es contactar con la guardería del niño para saber más de su comportamiento allí y conocer la opinión de sus educadoras. Mi marido y yo nos reunimos con la directora del centro, que nos confirma un retraso motor y cognitivo en Dani. La psicóloga del centro lo evalúa y también observa que no socializa adecuadamente, que no responde a los estímulos, que no gira la cabeza ni al oír su nombre ni ante ningún sonido estrepitoso. Me recomiendan comenzar con las pruebas del oído para descartar un problema de sordera (aunque yo sé de sobra que Dani no es sordo; cuando escucha la melodía de sus dibujos animados preferidos, acude corriendo frente al televisor desde cualquier otra estancia de la casa).

Lo tercero que hago es llamar a Silvia, mi mejor amiga de la infancia. Es psicopedagoga y tiene mucha experiencia en necesidades educativas especiales. Inmediatamente responde a mi llamada y acude a casa para ver al niño en su ambiente más espontáneo. Dani apenas mantiene con ella contacto ocular. Mi amiga observa cómo nos lleva de la mano por la casa para comunicarse. Es testigo de su absoluta mudez, de su total ausencia de emisión de sonidos.

Ese día es decisivo para mí. Conozco a Silvia desde los ocho años de edad. Ha sido mi amiga del alma y algo más que una hermana. Sé leer en su mirada y en su corazón. Y aquella tarde intuyo que es más lo que se guarda para sí misma y se calla que lo que me cuenta. Su silencio está cargado de información y es más explícito que sus palabras. No desea hacerme daño, pero sé que ha visto “cosas feas” que no se atreve a confesarme en voz alta. Cuando le pregunto si Dani es autista, me dice que desde luego no ve un autismo kanneriano, pero que hay “algunas cositas” que debemos descartar y que lo mejor será ir al pediatra para comenzar con algunas pruebas cuanto antes. Aquella noche, al acostarme, siento el peso del mundo triturándome el alma. Una losa terrorífica cae sobre mi pecho y me impide respirar. Tengo miedo. Pero eso no es lo importante ahora. No es el momento de dejarme vencer.

 

Manos a la obra

Marzo de 2010. Dani está a punto de cumplir dos años, pero su desarrollo parece que se detuvo muchos meses atrás. Acudo a la pediatra y le expongo el problema. Le resta importancia, me tranquiliza diciéndome que “ya hablará”, que seguramente es de esos niños que se retrasa un poco en la adquisición del lenguaje y nada más (abro un paréntesis para comentar que esta actitud, tan repetida en los consultorios pediátricos de nuestro país, supone uno de los primeros escollos a los que se enfrentan los padres de niños con Trastornos del Desarrollo. La total ignorancia del pediatra a la hora de reconocer un caso de este tipo para derivarlo urgentemente a los especialistas, retrasa en muchos casos la aparición del diagnóstico, y en consecuencia, la atención temprana que necesitan nuestros hijos. Un error fatal que se paga muy caro, ya que en la intervención de los TGD el tiempo es oro, y cada minuto que se demore tiene consecuencias nefastas para el futuro desarrollo de los niños). Le insisto mucho en que Daniel necesita ayuda, que su retraso en el lenguaje no es aislado, que está asociado a otros signos preocupantes como las rabietas, la falta de respuesta, la ausencia de juego simbólico, etc. Trato de transmitirle mi angustia y la necesidad de que no minimice mi preocupación. Y creo que sólo por mi insistencia consigo que me derive al otorrino, al neurólogo y al logopeda.

 

Un largo peregrinaje

Y comenzamos con todos los análisis. Los resultados de las pruebas del oído son normales, y apenas reflejan una hipoacusia de carácter tan leve (debido a sus cuadros de infecciones bronquiales y mocos) que ningún médico le da importancia. Se confirma lo que ya sospechábamos: Dani no tiene ningún problema de sordera, y su falta de respuesta a los estímulos no tiene su origen en un déficit de audición.

Un mes después nos cita el jefe de Neurología Infantil del Hospital Ntra. Sra. de la Candelaria: un prestigioso neuropediatra, especialista en neonatos. Nos manda un cariotipo genético, análisis de ácidos orgánicos y una Resonancia Magnética que precisará sedación. Los resultados de las pruebas se demoran un poco, al tratarse de análisis no ordinarios.

El susto de nuestra vida llega el día en que recogemos el informe de la Resonancia. Mientras que los resultados analíticos no arrojan ninguna anormalidad de carácter genético, las imágenes del cerebro reflejan, sin embargo, pequeñas zonas de leucomalacia periventricular. Al leer en Internet lo que eso significa (nos encontramos en Google con palabras serias del tipo “parálisis cerebral”, “espasmos musculares”, “epilepsia”, “invalidez…”) corremos angustiados hacia la consulta del neurólogo, quien tiene la amabilidad de atendernos fuera de hora. Acudimos con las placas en la mano y un nudo en la garganta, creyendo que nos va a comunicar la peor de las noticias. Afortunadamente, el doctor nos tranquiliza diciéndonos que la leucomalacia que se observa en la Resonancia parece ser de carácter muy leve, que se trata de pequeñas áreas de tejido celular muerto por falta de oxígeno (probablemente una hipoxia durante el embarazo o el parto), pero que ni siquiera es seguro que esté en el origen del retraso en el lenguaje de Dani…Según el neurólogo, hemos tenido mucha suerte porque esa lesión normalmente cursa con problemas motores graves (y ése no ha sido el caso de nuestro hijo). Por tanto, sin minimizar esas “cicatrices” cerebrales (que, según él, ya son irrecuperables), nos dice que habrá que estar atentos a la evolución del niño, pero que todavía es muy pronto para saber si tales áreas de células muertas tendrán o no consecuencias en el desarrollo de nuestro hijo.

Nada más salir de la consulta, mi marido y yo nos fundimos en un inolvidable abrazo y explotamos en un llanto nervioso y emocionado. Sentimos que todo podía ser peor, que la vida nos ha dado una segunda oportunidad, que de alguna forma hemos vuelto a nacer, que acabamos de “escapar” por los pelos…

 

El fantasma del TGD

Pero entonces, con la llegada del verano, comienzan las “otras” evaluaciones sobre la salud de mi hijo, las procedentes del área psicológica y psiquiátrica. Y es aquí cuando un fantasma llamado TRASTORNO GENERALIZADO DEL DESARROLLO (TGD) se instala en nuestras vidas.

En junio de 2010, cuando Dani tiene 26 meses, y gracias a la intervención de mi amiga Silvia (¡nunca tendré palabras de agradecimiento suficientes para ella!) acudimos a una evaluación en la Universidad de La Laguna con el equipo de Psicomotricidad que dirige el prestigioso profesor Miguel Llorca Linares, toda una autoridad en el área de la intervención educativa especial. Durante una hora analizan a mi hijo en una sesión grabada con videocámara donde observan su conducta, su juego, su motricidad, su socialización…y donde nosotros, sus padres, sólo podemos observar, no intervenir…Ese día Dani muestra muchos de los rasgos autísticos que ha venido presentando en los últimos meses: evita el contacto ocultar, sólo desea jugar mecánicamente y de forma obsesiva con una caja llena de coches (pese a los esfuerzos de Llorca por despertar sus estímulos con todo tipo de juguetes), se muestra irascible, inflexible y enrabietado, se tira al piso a llorar y despliega lo que en el argot psicológico llaman “una conducta disruptiva”…Cuando terminamos la sesión, nadie se atreve a darnos un diagnóstico cerrado, pero de alguna forma, cuando miro a la cara al profesor que tiene en sus manos el destino de mi hijo, tengo la sensación de que sabe lo que ha visto y mide escrupulosamente cada una de sus palabras para evitar dañarnos o causarnos el shock repentino de una etiqueta dramática. Nos dice que aún es muy pronto para ponerle nombre a lo que le ocurre a Dani, que el niño es “muy chiquito”, pero en un tono muy dulce y solidario nos confirma que “parece que asoman rasgos de un TGD en los que el niño carece de recursos para expresarse y comunicarse”. También nos ratifica que nuestro hijo necesita acudir a terapia, tanto individual como de grupo, y nos confirma que nos llamarán a partir de septiembre para acogerlo en su Sala de Psicomotricidad y empezar a trabajar con él cuanto antes. Ese día, Miguel LLorca Linares no ha querido mirarnos a la cara y decirnos valerosamente: “Su hijo presenta un Trastorno Generalizado del Desarrollo, con rasgos de autismo”. Ha preferido decirnos: “Tienen un hijo maravilloso. Disfruten de él este verano. Llévenlo a la playa, a la piscina, compartan baños de sol y de mar, procuren ser felices con él…”. Esas palabras tan humanas, tan cuidadosamente diseñadas para aliviar el dolor de unos padres, son ese tipo de bálsamo para el alma que una madre y un padre jamás olvidarán en su vida. ¡Gracias, Miguel, por haber sido todo un caballero ese día, por no habernos herido de muerte con el disparo de bala de una etiqueta demasiado brusca y dolorosa! ¡Gracias por haber respetado y comprendido que, a veces, unos padres perdidos necesitan tiempo para asimilar lo que les está ocurriendo, que necesitan de profesionales serenos, afectivos y humanos como tú, que les recuerden que, por encima de un niño con un problema, tienen un niño lleno de maravillas!

 

Un expediente sobre una mesa

No puedo dedicar las mismas palabras de agradecimiento a la siguiente profesional que nos tocó visitar en nuestro peregrinaje: la logopeda de la sección de Rehabilitación de un hospital público de cuyo nombre no quiero acordarme. Con esta visita no tuvimos tanta suerte. Había puesto muchas expectativas en ella. Llevaba meses aguardando esta cita, volcando en ella todas mis ilusiones y esperanzas para la recuperación de mi hijo. Pero aquella mañana de verano, cuando salí de allí con un nudo en la garganta, comprendí que la visita había resultado infructuosa. Me encontré con una “profesional” más preocupada por su inminente salida de vacaciones que por la mudez de mi hijo. Desde que iniciamos la entrevista se mostró obsesivamente interesada por tener una etiqueta diagnóstica con la que calificar a mi hijo. Quería saber si Dani era “autista clásico”, “autista inespecífico”, “TGD en sentido amplio”, “Síndrome de Asperger” o si al menos teníamos ya idea de si era “TEA” o no era “TEA” (para los no iniciados en el tema, traduzco: entiéndase si estaba dentro de un Trastorno del Espectro Autista o no). Pareció muy decepcionada cuando, casi a modo de autodefensa, le respondí que lo sentía mucho, pero que aún no teníamos “etiqueta”. Y que seguramente no la tendríamos hasta dentro de unos meses. Y ella, más que preguntarme por los déficits lingüísticos del niño, insistía en que necesitaba un informe con un diagnóstico de un psicólogo para saber qué hacer con él. E insistía en que me habían derivado al lugar equivocado, ya que a donde tenía que acudir era a consulta con un psicólogo o psiquiatra infantil. Tuve la sensación de que mi hijo era para ella una vaca en un molesto ganado al que deseaba “marcar” cuanto antes para olvidarse del caso y pasar a la siguiente vaca…Sus palabras retumbaban en mi cabeza: “Entiéndalo: es importante el diagnóstico. No es lo mismo un niño con un retraso en el lenguaje que un niño con un TGD. Por el primero puedo hacer algo. Por el segundo no. No es éste el lugar adecuado para abordar estos casos. Aquí tratamos problemas derivados de fisioterapias, lesiones físicas, como parálisis y demás…Pero un niño con TGD se nos escapa, necesita un equipo de intervención multidisciplinar…”. Eso fue todo. Me recomendó que le retirara a mi hijo su chupa y su peluche, y me instó (creo que por compromiso) a regresar después del verano, terminadas sus vacaciones, sólo por ver si ya había resuelto “el problema” del diagnóstico, ya que no quería que la carpeta con el expediente de mi hijo quedara encima de su mesa vagando sin definición, como un barco a la deriva…Y yo salí de allí desconcertada, frustrada, confundida, preguntándome: ¿eso es todo lo que una logopeda puede hacer con un niño de 27 meses que no emite palabra ni sonido alguno? Más tarde regresé una vez más a aquella consulta, únicamente por educación, pero profundamente herida como madre. Comprobé que su preocupación seguía siendo la misma, que aquella mujer no iba a ayudar a mi hijo en absoluto, que Dani era sólo para ella una molesta carpeta sobre su mesa de la que quería desprenderse cuanto antes. Se despidió de nosotros con una “amable” sonrisa, invitándome a que la telefoneara cuando ya supiera con claridad el diagnóstico del niño y qué íbamos a hacer con él (palabras literales; o sea, el mundo al revés…Era yo, una madre perdida y desesperada, quien tenía que decirle a ella, la supuesta profesional que iba a ayudar a mi hijo, qué debía hacer con el niño, y no al revés). Por supuesto que jamás le devolví la llamada. Desconozco si la carpeta de mi hijo sigue sobre su mesa o ya estará en el basurero. Pero quizás un día de éstos me anime a visitarla acompañada de Dani, para que él mismo la salude con esas bellas palabras que hoy emite y que ella nunca le enseñó.

 

El Tiempo es Oro

Nuestro periplo de consulta en consulta continuó. Llegó el turno de la psiquiatra infantil. Tuvimos la suerte de ser atendidos sin esperas, ya que la doctora Nuria Naranjo es prima hermana de mi marido, y nos recibió en cuanto la llamamos. Tras una larga entrevista con ella, en la que describimos toda la evolución de Dani, coincidió en que parecíamos estar ante un caso de TGD. Pese a que Dani empezaría en la Terapia de la ULL en el mes de septiembre, la doctora creyó conveniente aprovechar el tiempo y derivarlo a otra terapia infantil con niños con TGD durante el mes de agosto. De todo cuanto nos dijo, me aferré a las siguientes palabras: “El futuro de Dani depende de lo que hagamos con él en los próximos 3 o 4 años. Ahora, su cerebro tiene plasticidad y podemos intervenir con más éxito. Luego se estructurará y todo será más rígido y difícil”. Ese mensaje se me quedó grabado a fuego y me dio fuerzas para continuar.

Dos semanas más tarde nos llamaron del Hospital de Día Doctor Guigou (conocido cariñosamente como “El Hospitalito”) para evaluar a Dani y acogerlo en terapia de estimulación temprana durante el mes de agosto. Nos atendió el pediatra director del centro, quien, tras evaluar a mi hijo, contradijo la versión del neurólogo y determinó que la leucomalacia periventricular que se había observado en su Resonancia cerebral estaba seguramente en el origen de su problema actual. También concluyó que Dani estaba más cerca de un diagnóstico de disfasia expresiva que de autismo, y pronosticó que su evolución podía ser favorable. Estas palabras llegaron a nuestra vida en un momento en que estábamos asumiendo una experiencia revolucionaria y esperanzadora. Y es que, coincidiendo con la fecha en que Dani comenzó a acudir a esa terapia de verano en el Hospitalito, me crucé en el camino con la información médica que acabaría cambiando nuestra vida. Una información que inició nuestro viaje de vuelta a la normalidad y que, por cierto, nos atrevimos a compartir con este doctor, en lo que acabó siendo (como más adelante relataré) un fracaso comunicativo y un total desencuentro.

 

Cuando tu avión no llega a Italia

Principios de agosto de 2010. Son días de lágrimas silenciosas. Los acontecimientos me desbordan. Pese a que llevo muchos meses luchando con una fortaleza que me asombra, y jurándome a mí misma que no voy a desfallecer (porque mi hijo me necesita fuerte y entera), hay momentos en que las fuerzas flaquean y me vengo abajo. Me doy cuenta de que llevo muchos meses de angustia contenida, de que ni siquiera me he permitido a mí misma llorar, de que no me he dado un tiempo personal de duelo en el que asumir las cosas y tratar de encajar lo que nos está ocurriendo.

Descubrir que tu hijo es diferente, que tiene una minusvalía, es una de las experiencias más duras que se pueden describir. Y cuando esa minusvalía, además, se llama autismo (una palabra que todos rehúyen y nadie quiere mencionar), la experiencia es aún más devastadora, porque tu hijo se marcha poco a poco, se apaga sin que tú puedas hacer nada, se desliza silenciosamente por una ranura inexplicable.

Una vez leí un folleto con una campaña divulgativa (creo recordar que de la Generalitat de Catalunya) que hablaba sobre los sentimientos de los padres que asumen la discapacidad de un hijo. Y lo describía de una forma magistral: tú llevas toda la vida deseando viajar a Italia. Sueñas con ver Roma, Florencia, Venecia…Durante mucho tiempo trabajas duro para ahorrar el dinero que te permitirá cumplir tu sueño; planificas el viaje minuciosamente…Y un día, por fin, haces la maleta y te subes al avión…¡Qué maravilla! ¡Voy a ver el Colisseo, y los canales con las góndolas, y al David de Miguel Ángel…! Pero…¡Cuál es tu sorpresa cuando el avión aterriza en un aeropuerto distinto, y cuando pisas tierra te das cuenta de que no estás en Roma, sino en Amsterdam…! ¿Qué hago yo aquí? ¡Si yo tenía que estar en Italia! ¡Si todos mis amigos están en Italia, y mi guía de viaje era sobre Italia, y yo había estudiado italiano para este viaje! Lleva mucho tiempo asumir que estás en otro país, en un territorio que no esperabas. Y tienes que vivir muchas experiencias, y dejar que la frustración dé paso a la aceptación de tu destino para, finalmente, un buen día, atreverte a salir de tu caparazón para dar un paseo por Amsterdam y descubrir, bajo el vaho de tus lágrimas, que también es una ciudad hermosísima, un lugar que te ha atrapado con otra magia, un lugar del que, en realidad, ya no deseas volver porque también te pertenece para siempre…

En aquellos días, yo estaba aún asumiendo mi llegada a Amsterdam. Y mientras añoraba Roma (preguntándome una y otra vez por qué nos había tocado a nosotros, por qué a mi hijo, por qué a mí, por qué ese cambio de ruta en nuestro viaje), lo único que resonaba en mi cerebro era el silencio de Daniel, su aterradora mudez que llenaba todas las estancias de mi casa y de mi vida. Cada día, mi pequeño trataba de hablar, se esforzaba como el que más, lo intentaba una y otra vez, pero lo único que lograba emitir era un extraño sonido gutural que escupía de su garganta como un animal herido. Yo sabía que tenía un daño neurológico. Lo sabía porque tuve la desgracia de ver morir a mi padre de un tumor cerebral, y sé de sobra lo que es perder el lenguaje por una lesión de este tipo. Durante un tiempo me asaltaba la duda de si el TGD de mi hijo estaba asociado o no a un retraso mental. Y es que no estaba segura de que mi hijo me entendiera del todo cuando le hablaba…Pero entonces, en esos momentos de absoluta dureza y soledad, cuando me invadían la tristeza y el pesimismo, me aferraba a los recuerdos de su primer año de vida, cuando era un niño juguetón como el que más, que me pedía besos y caricias a todas horas, que me devolvía cada sonrisa que le brindaba, que me miraba a los ojos mientras lo amamantaba con el mayor enamoramiento que jamás me ha dedicado nadie…Y entonces me decía a mí misma que ese niño tan inteligente no se había ido del todo, que sólo estaba en algún lugar oscuro del que había que salvarlo, que únicamente se había resbalado y caído en una alcantarilla y estaba esperando a que su mamá corriera a rescatarlo.

 

La reacción

Y fue así como un buen día (¡bendito día!) me desperté y me sequé las lágrimas. Me ayudó mucho un vídeo con el que me crucé en Internet (el destino siempre pone en tu camino las pistas que debes descifrar), en el que una madre guerrera hablaba de su pequeña niña diagnosticada a los dos años con un TGD. Y decía: “es bueno llorar, pero no te puedes perder demasiado en ese tiempo…Porque mientras yo estoy llorando, mi hija está sola, y cada minuto que yo invierta en mis lágrimas es un minuto que pierdo para ayudarla”.

Esas palabras me hicieron levantarme de la tristeza donde me había recostado. Entendí que esa mujer me estaba hablando a mí directamente. Y le hice caso, mucho caso. Me dije a mí misma que ya estaba bien de llorar. Que estaba en Ámsterdam. Y no en Roma. Y que ahora tocaba trabajar para coger el avión de vuelta.

Y me puse a estudiar. ¿Qué tenía yo hasta ahora? Tenía una pediatra que no reconocía ningún problema en mi hijo. Tenía un experto neurólogo incapaz de explicarme por qué mi hijo había perdido su lenguaje entre los 15 y los 18 meses de edad. Tenía una logopeda que no había querido asistir a mi hijo alegando que era un caso que sobrepasaba sus competencias…Es decir, no tenía nada. Lo único que tenía era la constancia de que mi hijo estaba cada vez peor, que el tiempo corría en nuestra contra, que si no hacía nada al respecto en unos meses estaría dándose cabezazos contra una pared, y que eso significaba que nuestro pequeño dependía única y exclusivamente de nosotros, sus padres, su familia, las personas que lo amaban y que lo conocían mejor que nadie. Y tuve la certeza de que sólo nosotros podíamos salvarlo, de que lo que no hiciera yo por él como madre no lo iba a hacer nadie del todopoderoso gremio médico.

 

Una asombrosa conexión

Me dejé las pestañas en Internet. Quise saberlo todo sobre autismo. Cada día y cada noche me quedaba horas y horas leyendo cuanta información se me cruzaba en el camino sobre los TGDs infantiles. Quería saber qué se estaba investigando ahora, cuáles eran los últimos estudios, qué tenían que decir otros profesionales fuera de España…Quería saber y saber y saber todo lo que no me habían contado. Me tropecé con muchos artículos en inglés. Busqué en revistas médicas y científicas. Pero un día, el círculo se cerró, y no sé ni cómo ni por qué, volví al blog de Rosina Uriarte, la misma voz, la misma madre, que me había hablado al principio de toda esta historia (¡Qué casualidad! ¿Pero existen las casualidades?)

Y allí leí algo que me dio un vuelco al estómago. Y luego al corazón. Tropecé con la historia de Karyn Seroussi, una madre estadounidense que relataba la historia de cómo hacía una década había rescatado a su pequeño hijo Miles del autismo. Y de pronto me adentré en el relato de ese niño y creí reconocer a Dani en casi todo lo que allí se referenciaba. El artículo, titulado NOSOTROS CURAMOS EL AUTISMO DE NUESTRO HIJO, hablaba de un niño que sufría trastornos digestivos y diarrea crónica, que había convulsionado con una fiebre de 40º después de recibir la vacuna SaRuPa (en inglés MMR) a los 15 meses, episodio tras el cual perdió el lenguaje y las destrezas sociales, que había desarrollado una “alergia cerebral” a la leche y a los productos lácteos…Decía también que una vez que su madre descubrió la influencia de la alimentación en la conducta de su hijo había probado retirar la leche, el queso, las galletas y todo lo que formaba parte de su dieta diaria, con resultados asombrosos. Miles comenzó a recuperarse a medida que dejaba de ingerir ciertos alimentos. Poco a poco regresaron las palabras, al principio, de forma poco audible. Y un día, finalmente, de forma nítida y contundente. Fue el día en que Miles miró a su madre a los ojos y le dijo, señalándole un muñeco: “"Wook, Mommy issa Tywannosaurus Wex!" (Mira mamá, es un Tiranosaurus Rex).” Aquello fue el comienzo de su salvación. Y no sólo la de Miles, sino la de miles de niños en el mundo.

Aquella madre hablaba del doctor Kalt Reichtel, de Noruega; y del doctor Paul Shattock, en Inglaterra; y del británico Dr. Andrew Wakefield…Y de pronto me dio una clave sobre mi hijo en la que yo jamás había reparado: trastornos digestivos, conductas adictivas hacia la comida, diarreas crónicas, alergias alimenticias…¡Eso era exactamente lo que le ocurría a mi hijo Daniel! También él llevaba un año y medio con un cuadro de diarrea crónica para el que su pediatra no tenía ninguna explicación. También él parecía un drogadicto frente a su plato de comida, ingiriendo alimentos de forma compulsiva (cuando salía de la guardería se mostraba tan irritable y enrabietado que sólo se calmaba cuando ingería su merienda a base de lácteos o galletas). También él tenía el vientre hinchado, como un niño desnutrido de África. ¡Y hacía más de un año que no hacía una deposición “normal”!

Esa lectura me llevó a otras muchas lecturas similares. Descubrí el relato de decenas de padres de distintas nacionalidades, contando exactamente lo mismo. La historia de mi hijo parecía estar en todas las latitudes del Planeta.

Inmediatamente compartí el descubrimiento con mi marido en un sentimiento de emoción y esperanza. Sin ningún género de duda ambos estuvimos de acuerdo en que esto era lo que le estaba ocurriendo a nuestro hijo. Fue el día 10 de agosto de 2010; y desde esa misma noche decidimos retirar de la alimentación de nuestro hijo cualquier alimento que tuviera gluten o caseína (proteína de la leche de vaca).

 

Una pandemia llamada ‘autismo’

Lo que nadie me había contado es que el autismo infantil es hoy en día una de las mayores epidemias del siglo XXI. Ninguna enfermedad ha crecido como ésta a nivel mundial. Antes, 1 de cada 10000 niños era autista. Hoy, 1 de cada 166. Y en algunas zonas muy industrializadas como el estado de California, 1 de cada 82 niños. La OMS está tan preocupada que ya ha establecido el día 2 de abril como el de la Concienciación Mundial sobre el Autismo y el propio Presidente Barak Obama ha situado la lucha contra esta enfermedad entre sus prioridades en su programa sanitario y están duplicando los fondos para su investigación.

A raíz de todo esto, descubrí que hay un auténtico movimiento médico (muy débil aún en España, pero muy fuerte en otros países) comprometido con la investigación del autismo y con encontrar una explicación a esta explosión mundial. El llamado “BIOAUTISMO” es una perspectiva de tratamiento biomédico que está situando el origen de estos trastornos, no en causas psiquiátricas (como hasta ahora se ha creído), sino en causas biológicas y metabólicas. Desgraciadamente esto es muy desconocido aún en España y se ve todavía como algo "alternativo" y poco reconocido por el establishment médico.

Pero en otros países como Alemania, Francia, EEUU, Inglaterra y muchos latinoamericanos (Chile, Argentina, México, Venezuela...), está muy reconocido y, de hecho, es lo más novedoso que se está aplicando a nivel terapéutico.

 

La punta del iceberg

Una de las primeras cosas que se están descubriendo es que una enfermedad que crece a este rit­mo no puede deberse sólo a causas genéticas. Se ha empezado a investigar qué tienen muchos de estos niños en común y se ha visto un denominador común en todos ellos: la mayoría presenta durante el primer año de vida un cuadro de infecciones crónicas (otitis, infecciones de las vías respiratorias, neumonías, bronquiolitis...), ya que son niños que nacen con un sistema inmunológico muy débil y dañado, digamos que mucho más frágil que el resto (es decir, no tienen defensas).

 

Eso trae como consecuencia varias cosas:

 

1) Debido a su sistema inmunológico comprometido, al recibir tanta medicación desde bebés, especialmente antibióticos orales de forma masiva, se les destruya su flora intestinal, con  unos resultados nefastos sobre la salud: todo tipo de bacterias, hongos y levaduras se instalan en los intestinos penetrando en la mucosa intestinal, originando un cuadro de infección o disbiosis. Es una grave enfermedad digestiva (intestinos permeables), que ocasiona que los intestinos de estos niños queden perforados como un queso o un colador, por donde van a penetrar todo tipo de tóxicos (que a otros niños no les afectan), y que finalmente causan el daño en el cerebro (disfunción neuronal). Se están haciendo estudios metabólicos en los niños (análisis de ácidos orgánicos, endoscopias y colonoscopias intestinales, cultivos de levaduras, etc), y la mayoría presentan el mismo problema. Esta circunstancia se repite en el 70% de los niños autistas, no en los que han nacido con un trastorno o síndrome genético, sino los que sólo han nacido con una “predisposición” y son los factores ambientales los que detonan el trastorno: lo que llaman “el autismo regresivo” por contaminación. Son niños que nacen cognitivamente normales, se desarrollan con total normalidad durante su primer año de vida, y comienzan a manifestar los signos a partir de los 12, los 15 o los 18 meses. Esto es así coincidiendo, por un lado, con la nueva alimentación que se les introduce a esa edad. Y he aquí la segunda cuestión.

 

2) Estos niños, al parecer, desarrollan una gravísima intolerancia alimenticia a dos proteínas: el gluten (todo lo que contenga trigo, centeno, avena, cebada...) y a la caseína (proteína de la leche de vaca). Al parecer, los niños nacen con un defecto enzimático que les impide metabolizar correctamente las proteínas de esos alimentos, como lo hacen los demás niños.

La cuestión es que no pueden desdoblar esas proteínas (es algo parecido a la enfermedad de los celíacos). Y lo que sucede es que, cuando digieren alimentos con gluten, soja o caseína, estas proteínas mal metabolizadas se cuelan por los intestinos permeables y pasan al torrente sanguíneo en forma de péptidos. Cuando alcanzan el cerebro lo hacen con efectos opiáceos. Es como si el cerebro del niño estuviera drogado: exactamente como si estuviera bajo los efectos del opio o del LSD. Ahí es cuando se inician los signos autísticos: las estereotipias, movimientos repetitivos, andar de puntillas, aletear, girar, alteraciones neurosensoriales...El niño está enfermando de un trastorno neurológico que se inicia en el sistema inmunológico, en primer lugar, y en el sistema intestinal, en segundo lugar (los intestinos son “el segundo cerebro” del ser humano, y las conexiones entre ambos son directas). Los daños neurológicos son lo último, la consecuencia, la punta del iceberg...

 

La agresión vacunal

Se han hecho ya muchas investigaciones con estos niños (los que desarrollan el autismo regresivo) y se ha descubierto que todos tienen los mismos problemas intestinales (diarreas crónicas o cuadros de estreñimiento agudo, hiperplasia lifoindea intestinal, infecciones bacterianas gravísimas, como candidiasis y todo tipo de hongos y levaduras adheridos a las paredes intestinales, inflamaciones intestinales y demás...). También se ha determinado que todos están inmunodeprimidos o presentan problemas metabólicos y dificultades en la eliminación de toxinas (fallos de origen genético en ciertas enzimas que generan carencias nutricionales muy graves para el cerebro, que se encuentra sub-alimentado y poco oxigenado, es decir, como “drogado“ y funcionando “a medio gas“).

 

3) La tercera cuestión que ha descubierto la biomedicina es la de cómo afecta la administración de las vacunas a estos niños. La intoxicación cerebral e intestinal que acabo de explicar viene también acelerada por la intolerancia que manifiesta el sistema inmunológico de estos niños frente a ciertas vacunas, como la triple vírica que se pone a los 15 meses. Cada vez son más los estudios que están demostrando la relación directa entre vacunas y autismo infantil. Es un tema tabú para ciertos médicos, y sobre todo para la industria farmacéutica, quienes insisten en negar la evidencia con el argumento de que “no está demostrado científicamente”. Pero quienes lo están demostrando con datos reales insisten en que ésta es la verdadera causa de la explosión pandémica del autismo infantil en el mundo, en los últimos quince años, coincidiendo con la implantación de los nuevos calendarios de vacunaciones masivas y a destajo (donde antes ponían a un niño 5 vacunas, ahora ponen 35…¡Una auténtica barbaridad!). El problema es el siguiente: al parecer casi todos estos niños desarrollan el cuadro autístico después de ser vacunados con la triple vírica (por eso la edad es coincidente, siempre entre los 15 y los 18 meses), y es por dos razones: la gran mayoría de las vacunas son fabricadas con un conservante que contiene metil mercurio (timerosal): es un elemento altamente tóxico para los niños que nacen con el problema inmunológico y metabólico descrito. Mientras que el resto de los niños pueden eliminar ese elemento químico a los pocos días de la administración de la vacuna, estos otros niños tienen en su metabolismo un problema o fallo de metilación que les impide excretar ese metal pesado. La consecuencia es que pasa al torrente sanguíneo y acaba directamente en el cerebro y otros órganos grasos, provocando un terrible daño neurológico. Es uno de los detonadores de la enfermedad.

Se acaba de publicar un estudio sobre 2000 niños autistas analizados y todos ellos tienen una intoxicación de mercurio en la sangre (8 veces superior a lo permitido). Y no sólo esto. La vacuna de la triple vírica es demasiado fuerte para estos niños: es una vacuna multidosis, que al ser administrada en un momento en que el sistema inmunológico está dañado y no está preparado para recibi­rla, ocasiona que los virus vivos del sarampión queden adheridos a la mucosa intestinal, agravando aún más la disbiosis digestiva. Cuando se han practicado endoscopias a los niños autistas se les ha hallado el virus vivo del sarampión en todos ellos, uno de los detonantes finales del daño neurológico.

 

Protocolo DAN

Comencé a leer todos los estudios de ARI: el Autism Research Institute, que es ahora mismo la Institución nº 1 en Autismo de EEUU. También los estudios de la Universidad de Harvard. Y por primera vez supe lo que era el movimiento DAN, cuyas siglas responden a  DEFEAT AUTISM NOW (“Detener el Autismo ahora”). Es un movimiento médico a nivel mundial que, a raíz de todas estas investigaciones, ha diseñado un protocolo para intervenir el autismo infantil desde esta nueva perspectiva biomédica, impidiendo que la enfermedad siga disparándose, y asumiendo que sus verdaderas causas se sitúan en un problema metabólico (defectos enzimáticos e inmunológicos) y no en un plano psiquiátrico (que hasta ahora no alcanzaba a dar una explicación a los trastornos del espectro autista, más allá del “origen misterioso o desconocido” y del pronóstico de “no tiene cura, es para toda la vida”). Al protocolo DAN se están sumando en todo el mundo, y de forma creciente, miles de profesionales sanitarios que parten de la base de que el autismo y los TGD infantiles en general sí se pueden diagnosticar a partir de analíticas y pruebas bioquímicas (y no con diagnósticos clínicos basados en la observación psiquiátrica), ya que bajo la punta del iceberg del trastorno neurológico subyace una enfermedad metabólica e intestinal. Estos médicos comprometidos con el objetivo de evitar al máximo la toxicidad sobre los frágiles organismos de los niños autistas representan hoy en día su única esperanza para una recuperación real (sin desmerecer ni perder de vista el decisivo papel paralelo de las terapias psicopedagógicas).

 

En España hay aún muy pocos médicos DAN: la doctora Clavera, en Barcelona; los doctores Mazzuka, en Palma de Mallorca. Cuando nosotros supimos de este tema, lo primero que hicimos fue contactar con familias que contaban la misma experiencia que nosotros. Nos pusimos en contacto con la asociación ALDIS (en Tenerife) y con la Asociación AVA (Asociación Vencer el Autismo), en Barcelona. Deseo expresar en este blog nuestro agradecimiento personal a ambas ONGs, y muy especialmente a las dos mujeres luchadoras que las presiden: Ofelia Tabares (mamá guerrera de Aaron) y Ana Medina (mamá guerrera de Víctor), sin cuya ayuda quizás nunca hubiéramos llegado a nuestro triunfo actual. Dos ejemplos de constancia y de lucha en el arduo camino de ir contracorriente ayudando a todos los padres que, como nosotros, se han enfrentado con este diagnóstico y han necesitado una luz en el camino.

 

El viaje de vuelta

A partir del día 10 de agosto todo cambió para nosotros. Dani dejó de comer gluten, soja y caseína. Sustituimos el trigo por maíz. La leche de vaca por leche de almendras o arroz. El supermercado por los herbolarios. La alimentación basada en productos químicos, envasados o conservantes por una dieta completamente natural. Fueron duros tiempos de adaptación a muchos cambios. Mi hijo tuvo que renunciar a toda esa comida que adoraba y a la cual se había vuelto adicto. Y esto nunca es fácil, ni a nivel psicológico ni a nivel económico. Pero sólo puedo decir que todo esfuerzo valió la pena. Los resultados fueron asombrosos.

A las 2 semanas de iniciar la dieta, mi hijo comenzó a imitar el sonido de los animales: la vaca, el lobo, el perro, el gato, el gallo, el caballito, el cerdo…

A las 3 semanas, llegaron las primeras palabras: má (mamá), pá (papá), agua, pan…No puedo describir con palabras lo que sentí el día en que Dani volvió a llamarme. Pueden imaginarse las lágrimas de emoción que derramamos en casa…¡Ya no me acordaba cómo era el timbre de su voz! Y de pronto la vida nos devolvía su dulce vocecilla, que sonaba como una flauta mágica…

A los dos meses, Dani ya tenía en su vocabulario unas 20 palabras, algunas de las cuales usaba en su contexto con sentido completamente funcional. Por ejemplo, era capaz de pedirme agua cuando tenía sed: “Má, agua…”. O capaz de devolverme el plato vacío cuando terminaba de comer, añadiendo: “Má, ya-tá ( ya está)”…En su terapia de la Universidad me preguntaban por su evolución tan favorable y reconocían que parecía otro niño completamente distinto al que habían evaluado meses atrás.

A los 4 meses, mi hijo manejaba más de 80 palabras, además de reconocer los colores, contar del 1 al 10 o tararear canciones de memoria…Cualquiera que ha visto a un niño sin lenguaje por un cuadro de TGD sabe que lograr ese triunfo en tan poco tiempo representa algo así como atravesar un océano a nado.

Fui anotando en un diario cada triunfo de mi hijo desde ese momento; su padre y yo hacíamos un recuento de cada palabra nueva que adquiría o repetía, de cada destreza, de cada nueva habilidad…El lenguaje no dejaba de explosionar. Pero no sólo eso. También cambiaba toda su arquitectura conductual: las rabietas remitían, los comportamientos inflexibles y rígidos se espaciaban en el tiempo, las conductas repetitivas se iban esfumando, la socialización y la comunicación regresaban a la vida de Daniel con toda la alegría del pasado…¡Era como si aquel reloj que se había detenido a los 15 o 16 meses se hubiera puesto de nuevo en hora justo en el mismo punto!

No pretendo saber más que los médicos. No pretendo vender a nadie curas milagrosas. Pero cuándo me preguntan cómo mi hijo logró en apenas unos meses pasar de la mudez absoluta a su nuevo estado, y abandonar su cuadro de TGD, sólo puedo, como madre, contestar la verdad de nuestra historia: gracias a la intervención dietética y la biomedicina. Esto no es un milagro. Esto es Medicina. Sólo que algunos doctores aún se niegan a querer abrir sus ojos ante la evidencia.

 

Ojos ciegos. Mentes cerradas.

Y digo que algunos doctores permanecen ciegos porque así lo hemos sentido en nuestras propias carnes. No puedo dejar de hacer mención, aunque sea muy brevemente, a algunos tristes episodios vividos en algunas consultas.

Una vez que mi hijo comenzó a acudir al Hospitalito para supuestamente asistir a su primera terapia de estimulación temprana, nos pareció buena idea compartir con el doctor que dirigía aquella unidad toda la información médica que habíamos descubierto, así como la iniciación en la dieta sin gluten ni caseína. Creímos, por el bien del pequeño, que lo más lógico y sensato era mantener a sus médicos informados de todo para trabajar en equipo y lograr los más óptimos resultados. ¡Fuimos tan inocentes…! Nada más comentarle a aquel doctor palabras como “homeopatía” (queríamos compartir con él el relato de los beneficios que había tenido la terapia homeopática sobre su salud, en los días en que sufría cuadros bronquiales crónicos), “biomedicina” o “protocolo DAN”, reaccionó cual Torquemada frente a los herejes, con una actitud completamente inflexible, cerrada e intolerante. Nos dijo que todo eso era un timo y ni siquiera quiso escucharnos. Cuando mi marido y yo tratamos de establecer un mínimo diálogo al respecto (no era nuestra intención convencerlo de nada, sólo tratar de informarle de nuestra experiencia) se mostró molesto, distante y bastante rígido…Cuando le hablamos de trastornos digestivos y cándidas intestinales, fue capaz de decirnos que nosotros desconocíamos lo que era una cándida, que si mi hijo tuviera una, aunque fuera en una uña, ya estaría ingresado en la UVI…A medida que le hablábamos nos dimos cuenta de que no nos estaba escuchando. Se dedicó a juguetear con la bolita del ratón de su ordenador sin dirigirnos la mirada ni prestarnos la más mínima atención. Enseguida comprendí que estábamos perdiendo el tiempo allí y que pasábamos a ser un estorbo en su ocupado tiempo. Así que nunca más insistimos…Curiosamente, la actitud de este doctor hacia nosotros cambió completamente a raíz de tal episodio. De haberse comportado de forma cordial y afable desde la primera consulta, pasó a mostrarse muy frío y distante, como si se hubiera molestado. En aquellos días, su decisión hacia mi hijo fue que comenzara con terapia de lenguaje, aprovechando la presencia temporal de un logopeda que estaba asistiendo en prácticas voluntarias dentro de su unidad durante el mes de agosto. Y curiosamente, finalizado el verano, cuando se suponía que mi hijo debía pasar entonces al grupo de terapia de estimulación temprana, me sorprendió despidiéndonos con un “Mucha suerte y ha sido un placer”…Jamás entendí aquella decisión ni se me dio ninguna explicación oficial del motivo por el cual, después de haber rellenado tantos cuestionarios y pasado tantos trámites, mi hijo no fue integrado en la terapia para la que habíamos sido llamados (¿Tendría algo que ver mi advertencia de que Daniel llevaba una dieta especial y de que yo le llevaría cada mañana el desayuno desde casa?).

Y es que abro un paréntesis en este punto para reseñar la impresión que me causó el hecho de ver cómo cada mañana, en las terapias de TGD de aquel Hospital Público, los niños hacían un alto en el camino para tomar un desayuno que allí mismo les brindaban sus terapeutas, a base de lácteos como yogur, galletas de trigo o zumos azucarados de brick…¡Eso es lo que está ocurriendo en nuestro Sistema Nacional de Salud! Que un doctor responsable de la salud de niños autistas desconozca que cada vaso de leche que tomen les puede hacer retroceder 15 días en sus déficits cognitivos…Que un profesional que ocupa un cargo de la máxima responsabilidad no sólo no quiera ni oír hablar de las terapias naturales, sino que se mofe de ellas con una ceguera mental muy poco productiva para el oficio médico. Y es que (esto ya es una opinión muy personal) pienso que un doctor, al igual que un científico o que un creador, que se acomode a su sillón, se burocratice, cierre su mente al mundo, al estudio, al conocimiento, a la investigación y a las nuevas ideas, es un árbol seco cuya savia ha dejado de correr y que, tarde o temprano, no dará más frutos que el de su propia decadencia.

Aquel doctor tenía colgado en su despacho un lienzo con el retrato de un niño de mirada triste, muy triste…Probablemente aquel cuadro quería reflejar el profundo y dramático abismo de la enfermedad psiquiátrica…Siempre recordaré aquel cuadro, aquella mirada infantil sin esperanza, y aquel doctor que no quiso escuchar “teorías alternativas no publicadas en The Lancet ni probadas científicamente”. ¡Cuánta pena!

 

Homeopatía frente a ‘lo otro’

Una experiencia muy similar vivimos con su pediatra de cabecera. Durante el primer año de vida de mi bebé, cuando mi hijo se había vuelto un enfermo crónico de los bronquios, cuando vivía pegado a una mascarilla de ventolín y pullmicort, cuando era medicado todas las semanas con corticoide, broncodilatadores y antibiótico oral que estaban arrasando su flora intestinal y dañando gravemente su sistema inmunológico, cuando su cuerpo se había convertido en un roncus pulmonar continuo, en una fábrica imparable de moco infeccioso que explotaba por cualquier sitio (oídos, ojos…), siempre al borde de la neumonía, y cuando era más que evidente que no estaba respondiendo a tales tratamientos, jamás hizo nada por rectificar su plan terapéutico. Todas las semanas mi hijo repetía una otitis, o una conjuntivitis, o una bronquiolitis, o una bronquitis…Éramos los “Reyes de las –itis”. Y su pediatra se limitaba a repetir recetas, una y otra vez, sin ni siquiera preguntarse por el fondo del problema. Mi hijo llegó a una unidad de Fisioterapia respiratoria gracias a que nosotros, sus padres, buscamos información paralela y supimos de la existencia de esa terapia rehabilitadora como alternativa a la agresión farmacológica.

Y finalmente, cansados de nebulizarlo, de llevarlo al consultorio o a urgencias dos o tres días en semana, agotados de no ver mejorías en su estado, decidimos cambiar de rumbo y acudir a un homeópata.

Fue la homeopatía, y no el ventolín, el que curó a mi hijo de sus problemas pulmonares. ¿Y cómo es esto?, me preguntan los más escépticos. Pues porque su homeópata se preguntó por el fondo del problema, no por la superficie de los síntomas. Y ahí fue donde hizo su trabajo. Mi pequeño no tenía defensas ( y en ese estado recibió un cóctel vacunal mortífero). Su sistema inmunológico estaba por los suelos. Su organismo sufría un desequilibrio descomunal. Nadie había tratado sus alergias. Nadie se había preocupado de su alimentación…Y todo ese escenario era el conflicto de base. Bastaron 6 meses de tratamiento homeopático para que mi hijo se regulara y se recuperara de sus dolencias pulmonares.

 

“Cuando lo vea lo creo”

Desde ese momento, la pediatra de cabecera de mi hijo sabe que hemos perdido gran parte de nuestra fe en la medicina oficial del establishment al que ella pertenece. Ella nos ve a nosotros como “hippies alternativos”, quizás como “víctimas de una secta”,  y nosotros a ella como una estupenda “funcionaria repetidora de recetas” muy rentables para la industria farmacéutica. Y dentro de esa relación, basada en la resignación, nos soportamos y aceptamos mutuamente, con el mayor respeto y tolerancia que podemos brindarnos.

Cuando acudí a ella por primera vez para relatarle el cuadro de TGD de Dani no captó ni la mitad del problema. Cuando volví repetidamente a su consulta por la diarrea crónica de mi hijo, nunca aceptó la idea de que pudiera tener un problema de disbiosis, de flora alterada o de presencia de hongos o levaduras intestinales. Y nunca le recetó nada para su problema. Cuando los análisis realizados en EEUU ya confirmaban una candidiasis galopante, y cuando le informé de que esa infección estaba en el origen del trastorno neurológico del niño, lo negó de forma rotunda y contundente: “Yo en esto soy como Santo Tomás de Aquino. Si no lo veo no lo creo”, me dijo. Y, por supuesto, cuando fue informada de que mi hijo se había iniciado en el cambio de alimentación y en el tratamiento biológico, no sólo no comprendió nuestra decisión, sino que tampoco ha mostrado hasta la fecha el más mínimo interés por investigar el tema.

Una actitud similar han mostrado otros profesionales (psicólogos, psiquiatras, neuropediatras…) a los que hemos tratado de relatar nuestra experiencia. El día que intenté iniciar un diálogo con su neurólogo sobre los problemas metabólicos del niño, sólo me dio tiempo a decirle que “no tomaba leche animal porque…” El doctor me interrumpió, me censuró con la mirada como si yo acabara de decir un gran disparate, y me reprobó con un: “No, mujer, déle usted leche al niño…”. Fin de la conversación. El muro es demasiado alto como para pretender sortearlo.

 

Tratamiento biomédico: el renacimiento

Dada la asombrosa recuperación de mi hijo a partir del cambio de alimentación, no tuvimos ninguna duda de que debíamos realizar los exámenes médicos pertinentes y solicitar una cita con la doctora Rosella Mazzuka, quien visitaría Canarias en el mes de noviembre gracias a la asociación ALDIS.

Y así lo hicimos. El 11 de octubre de 2010, enviamos –vía Barcelona, y con la ayuda de la asociación AVA- las muestras orgánicas de orina, heces, sangre y cabello de nuestro pequeño a los laboratorios Great Plains de Kansas City, con el fin de realizar análisis de ácidos orgánicos, intolerancias alimenticias, cultivo de heces y prueba de detección de metales pesados en el organismo. Los resultados (que facilito en este blog, para quien desee consultarlos) arrojaron una importante intoxicación de metales pesados en el cerebro de mi hijo (mercurio y aluminio, principalmente), así como un cuadro de disbiosis intestinal aguda (gran presencia de hongos y levaduras dañando las mucosas intestinales), así como altísimos niveles de oxalato, entre otros valores. En definitiva, un típico perfil bioquímico de autismo por toxicidad. En estos momentos, y a la luz de estos resultados analíticos, mi marido y yo estamos tratando de adherirnos a la denuncia masiva de familias españolas que han denunciado al Ministerio de Sanidad por la administración masiva de vacunas en nuestros hijos, con el nefasto resultado de un cuadro de daños neurológicos y autismo adquirido. El juicio se está llevando a cabo desde marzo de 2010 en la Audiencia Nacional, en Madrid, de la mano del abogado Felipe Holgado.

El 20 de noviembre, y tras una ansiada espera de meses, POR FIN mi hijo pudo ser asistido en consulta por la doctora DAN Rosella Mazzuka, a quien desde este blog agradezco como madre su profesionalidad, sabiduría y humanidad. Desde esa fecha sigue estrictamente el tratamiento biomédico preescrito por la doctora, a base de probióticos para el refuerzo de su dañada flora intestinal, antimicóticos para combatir las cándidas intestinales, y complementos vitamínicos, de nutrientes, minerales, oliogoelementos y quelantes para la expulsión de metales pesados, además de continuar con la dieta sin gluten ni caseína, a la que la doctora añadió la supresión de azúcares y alimentos altos en oxalatos. La mejoría de Dani sigue una escalada imparable. Desde que se inició en el tratamiento, su tracto intestinal se ha regulado, sus deposiciones se han normalizado (después de más de un año y medio de diarrea continua) y, junto a esta mejoría intestinal, no han dejado de reducirse paulatina y significativamente las estereotipias conductuales que el niño arrastraba.

Dani es otro niño. Su reloj biológico volvió a ponerse en marcha. Atrás quedaron los angustiosos días de rabietas, llantos y rutinas; los días de conductas repetitivas, de miradas perdidas, de silencio y vacío…Hoy en día, mi pequeño habla, conecta, se comunica, ríe a carcajadas, canta, baila, juega, trepa, salta, contagia su vitalidad a todo el que se cruza en su camino… Y está preparando una “mochila” llena de sabiduría para su inminente entrada en el colegio, el próximo curso escolar. Su hermano mayor, Héctor (su mejor terapeuta, logopeda y psicólogo), disfruta de él cada día, enseñándole juegos, palabras y nuevas diversiones. Aún hay cosas que limar. Y, desde luego, no podemos bajar la guardia. Debemos seguir manteniendo a raya a las cándidas y no flaquear con su dieta especial. Pero, en definitiva, hoy puedo decir con orgullo que mi hijo se ha recuperado casi totalmente de su TGD, que vuelve a ser el mismo niño que un día llenó la casa de ruido y alegría.

Ésta es nuestra historia, para quien quiera escucharla. Daniel González Martín vino al mundo dos veces: una, el 9 de abril de 2008, cuando su madre lo parió; otra, el 10 de agosto de 2010, cuando sus padres, a través de un tratamiento biomédico, lo devolvieron al mundo de las palabras y las miradas.

 

Más información:

creativa-copy@raquelmartin.com / santi­_gonzalez_castro@yahoo.es

La más completa biblioteca on-line sobre BIOAUTISMO: ¡Fundamental!

http://bibliotecabioautismo.blogspot.com/

El autismo se evitaría mediante un análisis

El autismo se evitaría mediante un análisis

Lun, 14/06/2010 - 17:45

Descubren la forma de detectarlo con una prueba de orina

El autismo se podría convertir en una enfermedad evitable gracias a una prueba desarrollada por científicos del Reino Unido, informa el diario “Daily Telegraph”.

 

El diagnóstico del autismo ha sido siempre difícil y a menudo permanece irreconocible hasta estados avanzados, cuando ya es demasiado tarde para tratarlo.
Investigadores del Imperial College de Londres hallaron la forma de detectar esta enfermedad en niños a partir de los seis meses de vida. Tras el estudio, los científicos concluyeron que los niños que sufren autismo padecen además trastornos en los intestinos causados por una bacteria, que se puede detectar mediante un análisis de orina que cuesta unos seis euros (93 pesos aproximadamente).
Este descubrimiento implica que un intenso tratamiento centrado en la conducta social del paciente podría comenzar antes de que la enfermedad le cause daño psicológico permanente.
Jeremy Nicholson, autor del estudio, explica que los niños autistas tienen una bacteria en los intestinos que puede detectarse antes de que aparezcan los síntomas del problema.
asi mismo, el análisis de orina que detecta esa bacteria y los procesos digestivos, puede servir para distinguir en un primer momento entre niños que pueden llegar a desarrollar la condición y los que no. El equipo considera que la relación entre la bacteria intestinal y las dificultades en el aprendizaje puede abrir el camino a tratamientos probióticos contra el autismo.
Los investigadores sometieron a niños de tres a nueve años -39 con autismo, 28 sin autismo pero con un hermano que lo tenía y 34 sin autismo y con hermanos sanos- a resonancias magnéticas, espectroscopias y análisis químicos. El estudio reveló que los niños no autistas pero con un hermano que sí tenia la afección presentaban una huella química diferente de los que no tenían hermanos autistas, y la de los niños con autismo era diferente a la de los otros dos grupos.
Una de cada cien personas en el mundo sufre autismo; en el Reino Unido hay unas 500,000 personas con esta enfermedad, que se manifiesta con trastornos que van desde leves problemas para interactuar socialmente hasta graves dificultades de comportamiento como no hablar.
El grado de autismo se valora con pruebas que exploran la integración social, la capacidad de comunicación y las aptitudes imaginativas del individuo
Londres, 05/06/2010 (EFE)

 

Manifiesto médico contra las vacunaciones masivas

http://disiciencia.blogspot.com/2009/07/manifiesto-medico-contra-las.html

Chile retira el mercurio de las vacunas infantiles

En chile aprueban eliminar mercurio de vacunas infantiles

Lun, 14/06/2010 - 17:50

(ORBE) La Cámara de Diputados aprobó este jueves el proyecto de acuerdo ingresado por los diputados DC, René Saffirio y del PPD, Cristina Girardi, que contó con el apoyo de diputados de todas las bancadas, que pide eliminar el Timerosal (Mercurio) en las vacunas que se aplican entre los 0 y 48 meses, donde las clínicas privadas en Santiago ya decidieron utilizar vacunas sin este elemento.

Tras exponerse en la Sala, la inquietud y preocupación mundial que existe sobre la incorporación del Timerosal en las vacunas.

 Según explicó el parlamentario DC, René Saffirio, "diversos estudios internacionales avalan la relación entre el timerosal y el retraso del desarrollo en fetos, niños y lactantes, produciendo retraso mental, deterioro clínico en las escalas de neurodesarrollo, déficit atencional, hiperactividad y pérdida permanente de inteligencia".

 A lo anterior, agregó que uno de elementos que ha generado mayor preocupación, es la relación entre el Timerosal y el autismo. Al respecto, precisó que "estos casos han tenido un explosivo aumento en los últimos años, registrándose en el año 2004, un caso por cada 166 niños".

 Por otra parte, el legislador agregó que algunas clínicas privadas de la región metropolitana se están aplicando vacunas sin timerosal, "lo que genera una abierta discriminación ya que sólo quienes tienen los recursos necesarios podrán contar con este beneficio quedando el resto de la población expuesto a las vacunas con este metal pesado".

 Por todo lo anterior, Saffirio manifestó su satisfacción pro la aprobación del proyecto que pide que el Ministerio elimine las vacunas con timerosal del calendario de vacunas entre 0 y 48 meses por los riesgos que implica, esperando una pronta respuesta de las autoridades de Salud.

 El proyecto de acuerdo fue firmado, además, por los diputados Carolina Goic (DC), Felipe Harboe (PPD), Tucapel Jiménez (PPD), Lautaro Carmona (PC), Andrea Molina (UDI), Guillermo Teillier (PC), José Antonio Kast y Juan Lobos, ambos UDI.

La Universidad de California estudia el rol de los tóxicos en la epidemia del autismo

La contaminación provoca autismo

Mié, 10/03/2010 - 11:12

Fabrica entre rejasLos casos de autismo no paran de aumentar en los países desarrollados. Es cierto que se detectan más por existir hoy mejores métodos de diagnosis. También lo es que la genética juega un papel importante. Por otro lado, se viene denunciando desde hace tiempo que las vacunas con presencia de mercurio y aluminio pueden provocar regresiones autistas en niños. Pero ahora, la Universidad de California asegura en un estudio que la contaminación del medio ambiente, por pesticidas y otros tóxicos, afectan en este sentido al feto y al recién nacido.

 

Si 9 críos de cada 10.000 estaban dentro del “espectro autista” en California en 1990, diez años más tarde ya eran 44 por cada 10.000. Similares estadísticas en España: hace 20 años la incidencia oscilaba entre los 10 y 20 casos por cada 10.000 niños, y hoy en día, según algunas estimaciones, se podría haber duplicado, hasta triplicado. Todo parece indicar, así lo indica la sección M.I.N.D (Medical Investigation of Neurodevelopmental Disorders) de la citada universidad, que ello no sólo se explica por contar con diagnosis más afinadas:

Es hora de empezar a buscar los culpables ambientales reponsables del aumento notable del autismo en California. Estamos investigando el posible efecto de metales, pesticidas y agentes infecciosos en el desarrollo neuronal. Ahora mismo, se gasta entre 10 y 20 veces más dinero en investigación sobre las causas genéticas del autismo que en las medioambientales. Tenemos que cambiar la financiación. - Investigador Irva Hertz-Piccoto (traducción libre)

Además de los pesticidas, los investigadores señalan que el uso de ciertos químicos como los presentes en champúes contra pulgas para animales de compañía, productos cosméticos que contengan ftalatos, jabones antibacterianos, muebles y productos electrónicos revestidos con ignífugos, entre otros, podrían afectar tanto el sistema inmunológico, como el cerebro, del feto en formación o del bebé.

 

Extraído de http://www.ecologiablog.com/post/338/la-contaminacion-provoca-autismo

La vacunas con mercurio pueden provocar autismo en los niños

Las vacunas que contienen mercurio pueden provocar autismo en los niños

Jue, 10/09/2009 - 23:31

Aparecen con el nombre de timerosal o tiomersal

Numerosas madres con hijos pequeños hoy autistas que nacieron sanos denuncian que esa enfermedad apareció en ellos tras administrarles vacunas que contenían mercurio. Es decir, las vacunas para la hepatitis B, la difteria, el tétanos, la tosferina... muchas de ellas con timerosal o tiomersal, nombre farmacéutico con el que se conoce el mercurio que es incluido como conservante en las vacunas infantiles. Una denuncia apoyada cada vez por más médicos y científicos que piensan, efectivamente, que el mercurio puede causar alteraciones neurológicas severas a edades tempranas. Algo que parece demostrar el hecho de que la mayoría de los niños afectados tienen unos niveles de mercurio en su organismo muy por encima de lo que se consideran límites tolerables. Hasta 12 veces superior a las tasas establecidas internacionalmente para ese tóxico.

Cabe recordar que la acumulación de mercurio en los niños se produce a lo largo de los años porque hoy llegan a recibir hasta más de 20 dosis antes de cumplir los 16 años, algo que puede llegar a afectar gravemente al sistema nervioso central (problemas locomotores, pérdida de la capacidad de concentración, de las medidas de espacio y tiempo, etc.). Según la Asociación para Vencer el Autismo (AVA), más de la mitad de los menores autistas que hay en ella están afectados por mercurio. En España los casos de autismo se han disparado en los últimos años y son cada vez más los especialistas que achacan tan espectacular aumento al incremento del número de dosis conteniendo mercurio en las vacunas respecto a épocas anteriores. Aunque lo más inexplicable es que se sigan utilizando cuando hay vacunas que no contienen como conservante ese tóxico.

De hecho, la propia Agencia Española del Medicamento -en sintonía con la Academia Americana de Pediatría y la OMS, entre otros organismos- instaba ya en una circular el año 2000 "a los laboratorios productores de vacunas a intensificar los esfuerzos para eliminar de forma definitiva la presencia de tiomersal" en ellas.

Sin embargo, Fernando García Alonso, el impresentable Director General de Farmacia del ministerio que ¿dirige? Ana Pastor, afirma que "todos los estudios científicos realizados desde 1999 descartan cualquier tipo de relación". Y eso a pesar de que el 8 de julio del mismo año la Agencia Europea de Evaluación del Medicamento, en un comunicado dirigido a todos los departamentos sanitarios de la Unión Europea, abogaba por el uso de vacunas infantiles sin tiomersal "en el plazo más breve posible".

José Luis de la Serna, subdirector del diario El Mundo y responsable del área de Salud del mismo -cuyas excelentes relaciones con la industria farmacéutica son bien conocidas- salió de inmediato en apoyo de García Alonso y de los fabricantes de vacunas en las páginas de un periódico tan ecuánime en otros ámbitos: "Ninguno de los muchos trabajos que se han hecho para saber si las vacunas modernas tienen algo que ver con ese trastorno neurológico -dice en un lamentable articulo- han dado positivos. Al contrario, todos han concluido de forma similar: no existe prueba alguna que fundamente la relación vacunas y autismo". Añadiendo que

"hay muchas más fuentes de mercurio en la vida real que las vacunas y acusar a éstas sin fundamento es una grave irresponsabilidad". Para José Luis de la Serna, "los casos clínicos puntuales, por raros y duros que parezcan, sólo son eso: casos aislados que para asociarlos a un determinado factor de riesgo deben ser validados por los epidemiólogos. En el caso contrario, de la anécdota se pasa al folklore. En España ha pasado con el tema del Bio-Bac y con las antenas de telefonía móvil, dos asuntos con gran eco mediático que luego han sido colocados en su justo lugar por los científicos."

¿Ah, sí? ¿Los científicos han puesto en su sitio al Bio-Bac y a los que afirman que los teléfonos móviles son peligrosos? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Quiénes? Es evidente que al señor de la Serna le patinan ya las neuronas.

Para el doctor Xavier Uriarte, inmunológo de prestigio, "decir que se puede seguir vacunando con mercurio es una enorme mentira". Y afirma que si todavía no se ha llegado a una conclusión científica final que establezca la relación causa-efecto entre el mercurio y los trastornos autistas se debe a que la mayoría de los estudios "están pagados por la industria farmacéutica". "De lo contrario -añade-, ¿por qué las empresas siguen vendiendo un medicamento del que ya se tienen suficientes datos para retirarlo del mercado? ¿Cómo se explica, si no, que el Departamento de Control de Medicamentos de la Comisión Europea dispusiera en julio de 2000 la retirada del mercurio en los fármacos, por ejemplo de los colirios y antisépticos, y en cambio no ordenara la eliminación total e inmediata de los stocks de vacunas?" Y a continuación agrega: "Y lo que es más grave: ¿por qué las autoridades, conscientes de este problema, siguen permitiendo que miles de niños continúen recibiendo vacunas con mercurio sin dar cumplida cuenta a los padres de los potenciales riesgos que corren sus hijos?". Resulta chocante que desde 1996 el timerosal esté prohibido en las vacunas monodosis de uso veterinario pero se permita su uso en niños. Aconsejamos a los lectores que se nieguen en redondo a que se administre a sus hijos vacunas conteniendo timerosal o tiomersal, es decir, mercurio. Revisen bien los prospectos y exijan a los médicos que las vacunas no contengan ese peligroso tóxico.

Fuente: http://www.dsalud.com/noticias_60_20.htm

 

Una pediatra valiente habla sobre el daño silenciado de las vacunas infantiles

Algunos médicos sensatos no tienen miedo y hablan:

http://vimeo.com/11464171

Información sobre los Tratamientos Biomédicos, por Carlos Alberto Cilento

Página del Lic. Carlos Alberto Cilento Pintos:

http://metabolismodelautismo.jimdo.com/

Sentencia en Italia contra el Ministerio de Sanidad por autismo a raiz de una vacuna

Sentencia en Italia condena al Ministerio de Sanidad a indemnizar a una familia

Mié, 13/10/2010 - 21:40

Una Sentencia en Italia condena al Misiterio de Sanidad a indemnizar a una familia por haberse demostrado que las vacunas fueron las causantes del autismo de su hijo.

 

Extraído de http://avvsaveriocrea.blogspot.com/

Acerca de elviajedevuelta

El autismo es tratable. La recuperación es posible.

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